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Derechos

Me encontráis en Las Reincidentes

Me sentía algo sola, así que he convencido a otras cinco locas y me he mudado con ellas al blog coral de Las Reincidentes.

Allí podéis encontrarme junto a cinco grandes mujeres: Marta Arias, Maria del Pozo, soledad Briones, yolanda Román y Lula Rodríguez-Alarcón. Visítanos en Lasreincidentes.es

La decencia

decencia (Del lat. decentĭa).

1. f. Aseo, compostura y adorno correspondiente a cada persona o cosa.
2. f. Recato, honestidad, modestia.
3. f. Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas.

Mientras Sánchez Gordillo atiende sin cesar a medios de comunicación y acapara titulares por asaltar supermercados y tomar una finca, cual Curro Jiménez contemporáneo, hay un grupo de hombres y mujeres buenos que se rebelan en silencio y sin cámaras ante otra injusticia, tan silenciosa como ellos. Una injusticia cobarde, indecente, que condenará a cientos de miles de personas en nuestro país a la enfermedad y la pobreza.

Esas personas son médicos, enfermeros y  enfermeras, personal administrativo y de servicios sanitarios que se niegan a acatar una norma injusta que vulnera los fundamentos éticos de su profesión: la supresión de la asistencia sanitaria a los inmigrantes irregulares.   Estas personas decentes han decidido honrar el juramento hipocrático, el que dice  que la salud y la vida del enfermo serán las primeras de sus preocupaciones, y que no permitirán que entre su deber y su enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase.

Y ante este elogiable (y extraño en estos tiempos) ataque de decencia, los estamentos se rebelan.  El Consejo de Enfermería les avisa de que tratar a los inmigrantes es inviable jurídicamente. El Ministerio de Sanidad les amenaza con sanciones administrativas. (Les recuerdo que el Ministerio lo dirige este el mismo partido que aplaudía la objeción de conciencia de los profesores frente a la Educación para la Ciudadanía.)

Los editores del blog 3500 millones están impulsando una iniciativa para que los ciudadanos podamos mostrar nuestro apoyo a estos profesionales. Para que sepan que no están solos. Para que sepan que hay más personas decentes que les aplauden y les agradecen el acto de valentía y dignidad, esa luz en la oscuridad moral de nuestros tiempos. Yo ya la he firmado. Hazlo tú tambien.

 

 

Afilando las tijeras de podar

El gobierno ha escondido al final de una nota de prensa una medida que tendrá repercusiones importantísimas en todos nosotros para siempre: un recorte de 10.000 millones de euros en salud y educación. El significado real de esta medida está por ver y explicar ¿Tendremos que pagar por ir al médico? ¿Por los medicamentos? ¿Por que nos operen? Nadie lo sabe. De Guindos, Montoro, Floriano y algunos otros van lanzando globos sonda a ver como reaccionan la opinión pública y los infames mercados.

Algunas de las perlas: “Que quien gane más de 100.000 euros pague por la sanidad”. En fin. La sanidad privada debe estar frotándose las manos. La gente que gana más de 100.000 euros tiene seguros privados para ellos y para su familia, y si no los tienen ya se encargarán de tenerlos. O de declarar 99.900.

“Hay que redefinir la cartera de servicios básicos sanitarios”. O sea, que se eliminarán servicios. En el país en el que a la mayor parte de los funcionarios se les paga un seguro de sanidad privado (!?!?!?!) En el país en el que tenemos diecisiete sistemas informáticos para la sanidad, no compatibles entre ellos.

No sé a ustedes, a mí me da miedo. Sobre todo porque de nuevo se refleja el problema principal, mucho más grave y estructural de nuestro país: la falta de planificación a largo plazo de qué es lo mejor para España.Claro que hay cosas que pueden mejorarse en el sistema sanitario español. Pero en dos semanas no se puede hacer una reflexión serena ni acertada sobre lo que es necesario hacer para garantizar una solución que mantenga la calidad y sostenibilidad de nuestro sistema sanitario a largo plazo. Estudiar los sistemas de otros países, hablar con expertos nacionales e internacionales, ser creativos y dibujar un plan de cómo queremos que sea nuestro sistema de salud en 10 años y cómo podemos pagarlo. Eso es lo que hay que hacer, pero eso es lo difícil.

Lo contrario de lo que están haciendo nuestros gobiernos ante la crisis: podar las ramas del árbol sin ton ni son, sin darse cuenta de que si no se poda de donde se debe, el árbol se muere. Y esto pasa, entre otras cosas, porque les hemos dado las tijeras de podar a los fontaneros. No puede ser que las decisiones sobre la política de salud, educación o ayuda al desarrollo las tomen los ministros de Economía y Hacienda. No puede ser.

Ana Pastor, ahora ministra de Fomento, en una cena en una escuela de negocios poco antes de las elecciones, y ante una audiencia de ejecutivos ultrafans del copago, defendió una y otra vez la sostenibilidad del sistema universal y gratuito de la sanidad española y la ineficiencia del sistema de copago, con cifras comparativas de otros países en la mesa. Lo que sí defendía, y estoy de acuerdo, era acometer un ajuste fuerte del gasto farmacéutico, que representa más del 15% del gasto en muchas Comunidades. Y quien no tenga en casa “la caja de las medicinas”, que levante la mano. ¿Por qué me tengo que llevar -y el Estado pagar- dos cajas con 24 pastillas si sólo necesitaré 14? Pero intuyo, y ojalá me equivoque, que esto no lo harán, porque para esto no hay valor: el lobby farmacéutico sigue ahí, apretando y regalando viajes, ordenadores y quién sabe qué más.

Preparémonos, porque en las próximas semanas nos jugamos mucho, muchísimo. Y no podemos quedarnos callados, porque callar en esta situación sería inmoral.

P.D. Y por favor, señor Montoro, no siga con el tema de “los extranjeros que vienen a España a beneficiarse de nuestro sistema”. Todos sabemos que existen esos casos, pero yo quiero saber las cifras de cuanto supone en el gasto total. Y si no me las va a dar, cállese, y no promueva el mismo tipo de xenofobia que promueven los partidos de extrema derecha.

Bombas de relojería

Esta es una de esas entradas que no sé cómo escribir. Lo que voy a contar no es nuevo, es sólo un caso entre muchos, y el discurso va a sonar ingenuo para muchos, demagogo para otros. Pero no lo es, o quizá sí, pero tengo que escribirlo de todas formas.

Este jovial y risueño señor es Josef Ackermann. El señor Ackermann es presidente y consejero delegado de Deutsche Bank, y además director del Instituto Internacional de Finanzas.  Aunque suena a institución seria y respetable, el IIF no es un instituto de nada: es el disfraz del lobby de los grandes bancos mundiales.

Al señor Ackermann le va bien. La semana pasada el Deutsche Bank anunciaba que en 2011 ha tenido un beneficio neto de 4.326 millones de euros, un 85,7% más que en 2010, y con la que está cayendo… Así que además de llevarse un bonus de 8 millones de euros, la BBC le ha entrevistado por crack. Y el señor Ackermann ha dicho varias cosas, pero yo voy a destacar dos: una, que ”si la desigualdad en la distribución de los ingresos o en la distribución de la riqueza se incrementa, podríamos tener una bomba de relojería social haciendo tic-tac, y nadie quiere que tengamos eso”. Y dos, que para evitarlo, los banqueros tienen la responsabilidad de ser filántropos con sus bonus.

Cambio de tercio. Estos son Paola y Marcelo. Viven con sus dos hijas en Alfafar, Valencia.  Hace unos años compraron allí un piso, mediante una hipoteca con el Deutsche Bank. El banco les ofreció, como a otros miles de inmigrantes, una hipoteca con avales cruzados: Paola avalaba a su hermana y ésta a Paola. Iban pagando sin problemas, pero en eso llegó la crisis, se acaba el trabajo, no pueden seguir pagando. El Deutsche Bank se queda con la casa, la subasta y se la adjudica a sí mismo a precio de ganga.  Y para terminar la jugada a Paola y Marcelo les reclama una deuda de “extra” de 70.000 euros por su piso.

Sus vecinos creen que esta situación es muy injusta. Vale, no han pagado y el Deutsche Bank se queda con la casa. Pero encima reclamarles una deuda de por vida… Así que están moviendo Frankfurt con Valencia para conseguir que el Deutsche Bank se conforme con quedarse con la vivienda, olvide la deuda, y alquile la misma vivienda a Paola, Marcelo y sus hijas a un precio asequible. No debe ser tan irracional: más de 88.000 personas en España apoyan su petición, y casi 1000 más en Alemania.

El otro día Paola y Marcelo se fueron al banco de Ackermann a entregarles un papelito dejando constancia de estos apoyos. Y mira por dónde, los banqueros temblaron. Cerraron las puertas, no dejaron entrar ni salir a sus clientes, y la única forma que tuvo Paola de entregarles el papel fue a través del quicio de la puerta.

Va a tener razón el señor Ackermann con lo de las bombas de relojería. Igual él y su banco deberían dejar de regalar piezas.

 

Víctimas y verdugos

Dicen que del primer trabajo nunca te olvidas. Yo no lo haré. Fue en Copenhague, en el Consejo Internacional de Rehabilitación de Víctimas de la Tortura (IRCT), una organización paraguas que agrupa a decenas de centros de rehabilitación para víctimas de la tortura en todo el mundo. Era el que salía en la película de Isabel Coixet “La Vida Secreta de las Palabras”. En ese trabajo aprendí muchísimo sobre las barbaridades a las que pueden llegar algunos seres humanos, y también, de la mano de muchas víctimas de la tortura de todo el mundo, sobre la supervivencia y la infinita capacidad de perdón que tienen otros. Muchas veces creemos que la muerte es lo peor que te puede pasar, pero allí aprendí que no: la tortura es infinitamente peor. Y también aprendí que por horripilante que sea el dolor físico, el psicológico es mucho más profundo y duradero.

He seguido trabajando en el campo de los derechos humanos y la cooperación, pero pocas veces he vuelto a sentir la mezcla de rabia e indignación que sentí en ese trabajo. Hasta el otro día. Fue en la presentación de “Miradas tras las rejas”, el informe anual sobre el Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche que elabora la organización Pueblos Unidos. Seguro que, como yo, ya habéis oído hablar de estos centros, los CIE. Repartidos por toda España, allí van a parar muchos extranjeros sin papeles.

No tener papeles no es un delito, pero los CIE sí son una cárcel, o peor. Mi amiga Cristina Manzanedo, una fabulosa, sensata y nada radical abogada y coordinadora del informe nos contaba durante la presentación lo que han podido documentar durante las más de 200 visitas que han podido realizar al centro de Aluche este año.

No sé ni por dónde empezar: policías sin placa de identificación, insultos y humillaciones a los internos, del tipo “moro de mierda, sois la escoria de este país” o “como no te deporten esta vez te vas a cagar”; mezcla de delincuentes peligrosos con personas cuya única falta ha sido no tener papeles; celdas sin baño, e imposibilidad de acceder a los baños durante la noche; personas que son envueltas en plástico durante horas para que no se resistan al ser deportadas; golpes cuando alguien intenta protestar por las condiciones… Allí estaba también Marius, un camerunés que ha estado más de 50 días en el CIE, estancia que resumía así: “Llevaba 6 años en este país cuando me internaron, yo no mato, no robo”. “El abogado de oficio no te deja su teléfono, el médico solo sabe de paracetamol e ibuprofeno, la gente sufre, llora…estamos mezclados con gente que está mal de la cabeza, nos tratan como animales; los policías te insultan”.

En este post no cabe todo lo que oí ni lo que sentí. Vergüenza de ser ciudadana española y de que estas cosas pasen en mi país; rabia de que a nadie le preocupe qué pasa en estos agujeros negros jurídicos, que por no tener no tienen ni un reglamento que los rija;  indignación por saber que hay servidores públicos que hacen cosas como las que cuenta el informe. Y no, no pongo a toda la Policía en el mismo saco, porque como Cristina también dejó muy claro, no todos los policías se comportan igual, y algunos son correctísimos en su trato. Pero vivimos en España, no en Birmania. Ningún policía, ninguno, debe seguir en el cuerpo si hace cualquiera de estas cosas.

Pueblos Unidos y otras muchas organizaciones llevan años denunciando estas situaciones. Y no son los únicos: ya en el mes de Abril un juez ordenó al CIE de Aluche proporcionar una dieta especial y acceso al cuarto de baño a una mujer enferma de cáncer. Ahora ha pasado lo que más tarde o más temprano tenía que pasar. Ayer nos enteramos de que hace más de 8 días falleció una mujer aquejada de meningitis. He intentado buscar su nombre en los medios de comunicación, pero no lo he conseguido.  En el CIE las personas no tienen nombre, tienen un número. Era africana, eso sí lo sé, y entró en el CIE por no tener papeles. Tras su muerte, un juez de Madrid ha reconocido las pésimas condiciones sanitarias y el “palmario hacinamiento” que existe en este centro. Yo recuerdo las palabras de Marius: si te duele algo ni te miran, te dan un iburprofeno. Nunca sabremos si a ella le pasó lo mismo, ni si se podría haber salvado.  Lo que sí podemos es decir que nos importa.