
Leo la crónica de Juanlu Sánchez sobre la primera reunión del #25S y pienso: otra vez. Otra vez se abalanzan y neutralizan una iniciativa, esta vez acusándola de “poco horizontal”.
No sé ni me importa quienes constituyen la plataforma En Pie, que convocó “Ocupa el Congreso” para el día 25 de Septiembre. Ni siquiera sé qué proponen exactamente. Pero sí me importa, y mucho, la alergia que existe en este país al liderazgo. Y me importa porque sin verdaderos líderes en todos los sectores de la sociedad jamás avanzaremos de forma sostenible como país. No se salva nadie, de ninguna ideología: hemos convertido en deporte nacional machacar a cualquiera que destaque o intente liderar algo.
Y me pregunto por las razones de este odio al liderazgo en un sector tan necesitado de ello como el del cambio social. Me pregunto por qué el movimiento #15M (si es que puede hablarse de ello como un algo homogéneo) ha frenado cualquier atisbo de liderazgo en sus filas. Quizá el problema tiene que ver con la palabra, al no entenderse la diferencia entre el liderazgo institucional y el liderazgo individual. El liderazgo institucional tiene que ver con jerarquías, rangos y poder. En sus peores versiones puede ser autoritario y dictatorial. ¿Puede que el rechazo absoluto a esos conceptos, asociados con el sistema político actual, sea la causa de la mencionada alergia al liderazgo, y la obsesión con la horizontalidad (aunque ésta no sea tal en muchos casos)?
O a lo mejor, como me comentaban ayer dos amigas, viene de un sistema educativo que fomenta la competitividad y el listo-tonto, y en el que a los que sacan buenas notas les pegan o les tiran a la fuente, dándoles un mensaje claro: no destaques.
No lo sé. Lo que sí sé es que el liderazgo es imprescindible para los cambios sociales. Un líder social es una persona con visión y motivación para perseguirla, y además una persona íntegra, honesta, con la empatía y la valentía necesarias para luchar por un mundo mejor para todos. Las hay, pero no son muchas. Y parece que eso, en este país, duele. Si en las filas de nuestra sociedad existe algún Martin Luther King, alguna Aung San Suu Kyi, o algún Nelson Mandela, no se preocupen, no les conoceremos. Ya se encargarán algunos de callarles la boca y recordarles que no representan al pueblo.
Y me da pena, mucha pena, porque necesitamos a esos líderes. Y están ahí, yo conozco a algunos y a algunas, y tú también. Están en sus casas, con ganas de hacer realidad esa visión, pero con miedo a hablar, a salir a la luz, porque saben que cuando lo hagan muy probablemente van a destrozarlos. Con muchos ya lo han hecho.
“Que no, que no, que no nos representan” cantamos muchas personas como yo en las calles en las semanas que siguieron al #15M. Lo que era un movimiento ciudadano, inclusivo, emocionante, se ha convertido en otra cosa. Y lo que me pone muy triste, año y medio después, es que siento que esa cosa a mí tampoco me representa.
El artículo que provocó esta entrada:
El #25S se reinventa para corregir sus pecados originales, por Juanlu Sánchez.