Afilando las tijeras de podar

Afilando las tijeras de podar

El gobierno ha escondido al final de una nota de prensa una medida que tendrá repercusiones importantísimas en todos nosotros para siempre: un recorte de 10.000 millones de euros en salud y educación. El significado real de esta medida está por ver y explicar ¿Tendremos que pagar por ir al médico? ¿Por los medicamentos? ¿Por que nos operen? Nadie lo sabe. De Guindos, Montoro, Floriano y algunos otros van lanzando globos sonda a ver como reaccionan la opinión pública y los infames mercados.

Algunas de las perlas: “Que quien gane más de 100.000 euros pague por la sanidad”. En fin. La sanidad privada debe estar frotándose las manos. La gente que gana más de 100.000 euros tiene seguros privados para ellos y para su familia, y si no los tienen ya se encargarán de tenerlos. O de declarar 99.900.

“Hay que redefinir la cartera de servicios básicos sanitarios”. O sea, que se eliminarán servicios. En el país en el que a la mayor parte de los funcionarios se les paga un seguro de sanidad privado (!?!?!?!) En el país en el que tenemos diecisiete sistemas informáticos para la sanidad, no compatibles entre ellos.

No sé a ustedes, a mí me da miedo. Sobre todo porque de nuevo se refleja el problema principal, mucho más grave y estructural de nuestro país: la falta de planificación a largo plazo de qué es lo mejor para España.Claro que hay cosas que pueden mejorarse en el sistema sanitario español. Pero en dos semanas no se puede hacer una reflexión serena ni acertada sobre lo que es necesario hacer para garantizar una solución que mantenga la calidad y sostenibilidad de nuestro sistema sanitario a largo plazo. Estudiar los sistemas de otros países, hablar con expertos nacionales e internacionales, ser creativos y dibujar un plan de cómo queremos que sea nuestro sistema de salud en 10 años y cómo podemos pagarlo. Eso es lo que hay que hacer, pero eso es lo difícil.

Lo contrario de lo que están haciendo nuestros gobiernos ante la crisis: podar las ramas del árbol sin ton ni son, sin darse cuenta de que si no se poda de donde se debe, el árbol se muere. Y esto pasa, entre otras cosas, porque les hemos dado las tijeras de podar a los fontaneros. No puede ser que las decisiones sobre la política de salud, educación o ayuda al desarrollo las tomen los ministros de Economía y Hacienda. No puede ser.

Ana Pastor, ahora ministra de Fomento, en una cena en una escuela de negocios poco antes de las elecciones, y ante una audiencia de ejecutivos ultrafans del copago, defendió una y otra vez la sostenibilidad del sistema universal y gratuito de la sanidad española y la ineficiencia del sistema de copago, con cifras comparativas de otros países en la mesa. Lo que sí defendía, y estoy de acuerdo, era acometer un ajuste fuerte del gasto farmacéutico, que representa más del 15% del gasto en muchas Comunidades. Y quien no tenga en casa “la caja de las medicinas”, que levante la mano. ¿Por qué me tengo que llevar -y el Estado pagar- dos cajas con 24 pastillas si sólo necesitaré 14? Pero intuyo, y ojalá me equivoque, que esto no lo harán, porque para esto no hay valor: el lobby farmacéutico sigue ahí, apretando y regalando viajes, ordenadores y quién sabe qué más.

Preparémonos, porque en las próximas semanas nos jugamos mucho, muchísimo. Y no podemos quedarnos callados, porque callar en esta situación sería inmoral.

P.D. Y por favor, señor Montoro, no siga con el tema de “los extranjeros que vienen a España a beneficiarse de nuestro sistema”. Todos sabemos que existen esos casos, pero yo quiero saber las cifras de cuanto supone en el gasto total. Y si no me las va a dar, cállese, y no promueva el mismo tipo de xenofobia que promueven los partidos de extrema derecha.

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