Víctimas y verdugos

Víctimas y verdugos

Dicen que del primer trabajo nunca te olvidas. Yo no lo haré. Fue en Copenhague, en el Consejo Internacional de Rehabilitación de Víctimas de la Tortura (IRCT), una organización paraguas que agrupa a decenas de centros de rehabilitación para víctimas de la tortura en todo el mundo. Era el que salía en la película de Isabel Coixet “La Vida Secreta de las Palabras”. En ese trabajo aprendí muchísimo sobre las barbaridades a las que pueden llegar algunos seres humanos, y también, de la mano de muchas víctimas de la tortura de todo el mundo, sobre la supervivencia y la infinita capacidad de perdón que tienen otros. Muchas veces creemos que la muerte es lo peor que te puede pasar, pero allí aprendí que no: la tortura es infinitamente peor. Y también aprendí que por horripilante que sea el dolor físico, el psicológico es mucho más profundo y duradero.

He seguido trabajando en el campo de los derechos humanos y la cooperación, pero pocas veces he vuelto a sentir la mezcla de rabia e indignación que sentí en ese trabajo. Hasta el otro día. Fue en la presentación de “Miradas tras las rejas”, el informe anual sobre el Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche que elabora la organización Pueblos Unidos. Seguro que, como yo, ya habéis oído hablar de estos centros, los CIE. Repartidos por toda España, allí van a parar muchos extranjeros sin papeles.

No tener papeles no es un delito, pero los CIE sí son una cárcel, o peor. Mi amiga Cristina Manzanedo, una fabulosa, sensata y nada radical abogada y coordinadora del informe nos contaba durante la presentación lo que han podido documentar durante las más de 200 visitas que han podido realizar al centro de Aluche este año.

No sé ni por dónde empezar: policías sin placa de identificación, insultos y humillaciones a los internos, del tipo “moro de mierda, sois la escoria de este país” o “como no te deporten esta vez te vas a cagar”; mezcla de delincuentes peligrosos con personas cuya única falta ha sido no tener papeles; celdas sin baño, e imposibilidad de acceder a los baños durante la noche; personas que son envueltas en plástico durante horas para que no se resistan al ser deportadas; golpes cuando alguien intenta protestar por las condiciones… Allí estaba también Marius, un camerunés que ha estado más de 50 días en el CIE, estancia que resumía así: “Llevaba 6 años en este país cuando me internaron, yo no mato, no robo”. “El abogado de oficio no te deja su teléfono, el médico solo sabe de paracetamol e ibuprofeno, la gente sufre, llora…estamos mezclados con gente que está mal de la cabeza, nos tratan como animales; los policías te insultan”.

En este post no cabe todo lo que oí ni lo que sentí. Vergüenza de ser ciudadana española y de que estas cosas pasen en mi país; rabia de que a nadie le preocupe qué pasa en estos agujeros negros jurídicos, que por no tener no tienen ni un reglamento que los rija;  indignación por saber que hay servidores públicos que hacen cosas como las que cuenta el informe. Y no, no pongo a toda la Policía en el mismo saco, porque como Cristina también dejó muy claro, no todos los policías se comportan igual, y algunos son correctísimos en su trato. Pero vivimos en España, no en Birmania. Ningún policía, ninguno, debe seguir en el cuerpo si hace cualquiera de estas cosas.

Pueblos Unidos y otras muchas organizaciones llevan años denunciando estas situaciones. Y no son los únicos: ya en el mes de Abril un juez ordenó al CIE de Aluche proporcionar una dieta especial y acceso al cuarto de baño a una mujer enferma de cáncer. Ahora ha pasado lo que más tarde o más temprano tenía que pasar. Ayer nos enteramos de que hace más de 8 días falleció una mujer aquejada de meningitis. He intentado buscar su nombre en los medios de comunicación, pero no lo he conseguido.  En el CIE las personas no tienen nombre, tienen un número. Era africana, eso sí lo sé, y entró en el CIE por no tener papeles. Tras su muerte, un juez de Madrid ha reconocido las pésimas condiciones sanitarias y el “palmario hacinamiento” que existe en este centro. Yo recuerdo las palabras de Marius: si te duele algo ni te miran, te dan un iburprofeno. Nunca sabremos si a ella le pasó lo mismo, ni si se podría haber salvado.  Lo que sí podemos es decir que nos importa.

3 Comentarios

  • Yevette Betacourt on may 11, 2012

    Genial y legitima tu pagina. Me atrae demasiado

  • ruben dario on dic 28, 2011

    Es degradante lo que ocurre en estos centros ,ahi algun organismo fuera de este que haga denuncia ante tribunales internacionales y se desmonten estos lugares de muerte ,de tortura fisica y sicologica..? Me uno de coraon con todas aquellas personas que estan en estos lugares .

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