Cuando me lo contaron esta tarde no me lo podía creer.
Entiéndanme, yo soy gallega, y lo del pulpo lo llevamos pegadito con ventosas en el alma. Por no hablar de los mejillones que a Paul tanto le gustaban.
Así que desde que me dieron la noticia no he dejado de preguntarme por qué. Por qué ahora.
¿Será por las declaraciones del personaje vallisoletano? ¿Será por las “nohaygüeverías” de Pérez Reverte? ¿Será por las 58 mujeres que ya han muerto este año por la violencia machista? ¿Será por la supresión del Ministerio de Igualdad?
¿O quizá tiene que ver con que el Gobierno haya recortado la ayuda al desarrollo en 900 millones de euros, y ahora el PP sugiera añadir al recorte 200 más? O porque la farmacéutica GlaxoSmithKline se vaya de rositas con una acuerdo de 750 millones de dólares para zanjar un litigio por comercializar medicamentos de dudosa calidad, producidos en una planta contaminada.
O a lo mejor tiene que ver con que su adorada y admirada España,campeona del mundo, se resista a reducir las cuotas de captura de sus amigos los atunes rojos.
No lo sé. Pero visto lo visto, y teniendo en cuenta que el amigo Paul no tenía uno, ni dos, sino tres corazones, creo que podemos concluir que se ha muerto de asco.
Te echaremos de menos, compañero.





