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El señor de la cárcel

 

No sé si habrán visto la película El Señor de la Guerra. En ella, Nicolas Cage (al que por cierto, no soporto) interpreta a un traficante de armas ruso, Yuri Orlov, que se dedica a vender armas a guerillas, mafiosos, dictadores y todo tipo de malos malísimos. Sí, es una americanada, y probablemente quienes la hayan visto pensarían, como yo, que es poco creíble que un solo tipo compre y venda a sus anchas arsenales enteros por todo el mundo.

Lo peor es que es verdad. El Señor de la Guerra está basada en la vida de este señor con gracioso bigote, Viktor Bout, traficante de armas nacido en la antigua URSS y verdadero Amancio Ortega de las armas. Bout fue oficial de la fuerza aérea soviética y, tras estudiar diversos idiomas, fue parte de los servicios de inteligencia militar soviética, el famoso GRU. Con el fin de la Guerra Fría, Bout se hizo con docenas de aviones soviéticos que utilizó para transportar  armas y municiones a diestro y siniestro, comenzando por los talibanes en Afganistán,   y pasando por el sangriento Charles Taylor en Liberia,  Mobutu Sese Seko en la República Democrática del Congo, y otros personajes de similar calaña por todo el mundo. Durante mucho tiempo fue intocable, en parte por su astucia, en parte por los intereses de muchos países, en parte por las lagunas legales que tiene la jurisprudencia internacional respecto a estas actividades.

Pero, como dicen en mi tierra, “a todo cerdiño le llega su San Martiño”, y Bout fue detenido por la Interpol en 2008 en Tailandia, y extraditado a EEUU, donde acaba de ser juzgado y declarado culpable de los cargos que se le han conseguido imputar, básicamente “conspiración para vender armas a grupo considerado terrorista por los EEUU”.  La sentencia tendrá que esperar hasta Febrero, pero probablemente Bout pase el resto de sus días en la cárcel. Qué menos.

Bout es para mi otro ejemplo del poder de las personas, al igual que Nelson Mandela, Steve Jobs o la Madre Teresa. Cada uno de nosotros elegimos hacia donde dirigir nuestras capacidades.  Yo lo tengo claro.

 

Un mal dia

Foto: Oxfam

Hoy ha sido un mal dia. A media mañana nos comunicaban que habían matado en Nicaragua a Alex Muñoz Chávez.  

Alex era una de esas personas que te hacen creer en el ser humano y su capacidad para cambiar las cosas. Desde hace más de siete años trabajaba en la Asociación de Hombres contra la Violencia en Managua, donde coordinaba programas para sensibilizar y organizar grupos de adolescentes y hombres jóvenes contra la violencia.  Cuando se organizaban marchas o manifestaciones contra la violencia, allí estaba Alex. Para evitar la exclusión de las niñas montó y entrenó un equipo infantil de fútbol sala femenino, buscando darles no sólo la oportunidad de demostrar que las niñas también pueden jugar al balón, si no también creando un espacio para que pudiesen hablar sobre sus propias vidas y compartir maneras de prevenir y denunciar la violencia contra ellas.

Y aún hay más. Alex era miembro de la Red Socios en Acción, una red global de jóvenes que comprometidos a trabajar por un cambio social pacífico, equitativo y sostenible dentro de sus comunidades. Y por todo eso le seleccionamos como “Protagonista del Mes” de la web de jóvenes de Intermón Oxfam en marzo del año pasado.

A Alex, que trabajaba cada día para acabar con la violencia, le pegaron un tiro. A nosotros la noticia de su muerte nos afectó porque le conocíamos, pero la realidad es que lo que le pasó a Alex es normal. Dos mil personas mueren cada día en el mundo como consecuencia de la violencia armada. América Central es una de las regiones más violenta del mundo: si en España la tasa de homicidios es de menos de 1 por cada 100.000 habitantes, en Nicaragua esa tasa es de 13, y en Honduras de 60. Se calcula que en El Salvador la violencia con armas de fuego cuesta al Estado y a sus ciudadanos el 11,5% del PIB, más del doble del presupuesto para educación y salud.

El tráfico descontrolado de armas tiene mucho que ver en todo esto: lo que en unos lugares se “resuelve” (por decirlo de alguna manera) con un insulto, o un puñetazo, cuando hay una pistola a mano se resuelve a tiros. Se estima que a día de hoy circulan por el mundo 875 millones (!!!) de armas pequeñas y ligeras, tres cuartas partes de las cuales están en manos de civiles. El 60% de los homicidios son por causa de ese tipo de arma.

De ahí la necesidad de apoyar programas de desarme, y programas comunitarios de reducción de la violencia, como aquel en el que trabajaba Alex. Y además este año hay sobre la mesa una oportunidad de oro para mejorar las cosas: en Nueva York Naciones Unidas discute la aprobación de un Tratado Internacional sobre Comercio de Armas que las ONG llevamos años impulsando. Ayuda a la campaña Armas bajo Control. Por Alex y las otras 1999 personas que mueren cada día por culpa de las malditas armas.

 Os dejo con él.

httpv://www.youtube.com/watch?v=3VNSYtLqIZ0

 

El oro de la solidaridad

 

Mientras nosotros pasamos el tiempo hablando de pepinos y diccionarios biográficos, el mundo sigue girando. La pasada semana Gervasio Sánchez, uno de los mejores fotoperiodistas de nuestro país, recogía de manos del Rey la Gran Cruz De Oro De La Orden Civil De La Solidaridad Social. Dejando aparte el puntito irónico que tiene el premiar la labor social con una cruz de oro, Gervasio se merece sin duda este galardón y muchos más, por una vida dedicada a mostrarnos lo que no nos gusta ver, el sufrimiento de la gente normal en las guerras, de Serbia a Colombia, pasando por Sierra Leona, y despertar con sus fotografías nuestra conciencia.

Durante 10 años Gervasio escuchó y retrató a las víctimas de las minas antipersona en la fantástica serie de libros ““Vidas Minadas”, con los que denunciaba la devastación y el coste humano que provocan estos artefactos que fabricaban nuestras empresas y autorizaban nuestros gobiernos. Tuve el privilegio de conocer a algunos de sus protagonistas en Madrid, y aprender de Adis, de Sofía y de Sokheurm mucho sobre la valentía.

Os recomiendo que leáis el breve y directo discurso con el que agradecía su condecoración, donde apunta con la más potente de las armas, la palabra, a compañías y gobiernos –incluido el nuestro- que siguen contribuyendo al gran negocio de la guerra. Pero no son sólo ellos: nuestro dinero, el tuyo y el mío, también contribuye a fabricar armas que matan a civiles. Que sí, que sí: según Human Rights Watch,las bombas de racimo utilizadas en Libia hace algunas semanas fueron fabricadas por Instalaza, empresa española con sede en Madrid. Y a Instalaza la financiaron 8 bancos españoles, la gran mayoría cajas de ahorro.

La ONG Setem denuncia con su campaña Banca Limpia: somos clientes no cómplices a éstos y otros bancos españoles que han aportado casi 2.000 millones de euros a 19 empresas fabricantes de armas

Así que os propongo un regalo para Gervasio: que que apoyéis y difundáis esa campaña, y que os penséis dos veces a qué banco confiáis vuestro dinero. Seguro que le gusta más que la cruz de oro.

Valió la pena

 

 

Todas las mañanas en Tribunal cojo el 20minutos y me lo voy leyendo mientras camino a paso firme y ligero hasta la oficina, poniendo en peligro la vida de los peatones y peatonas que se cruzan por mi camino.
Normalmente llego a la oficina sin novedad. Pero esta mañana leí algo que me hizo frenar y pararme delante del kiosko de San Bernardo. No era un titular, era un pequeño entrecomillado en un cuadro en medio de una noticia breve, en la parte baja de la página: las palabras del hermano de una de las cooperantes de Médicos del Mundo que murió asesinada en el año 1997 Ruanda.

Josep Maria, hermano de Flors Sirera, cree que si su hermana hubiera viajado hoy a Ruanda estaría viva. Pero ahora viene el meollo: ¿Por qué? – le preguntan. Porque “el mundo ha cambiado, es más transparente“. Opina que hoy los autores del crimen se lo hubieran pensado dos veces antes de actuar porque “no puedes hacer lo que quieras en tu casa, porque luego vas fuera y te señalan, la situación es distinta“.

Distinta.

Distinta.

La Justicia Internacional. Ese es el cambio al que se refiere Josep Maria. Los Tribunales Internacionales para la antigua Yugoslavia y Ruanda, la Corte Penal Internacional, la Jurisdicción Universal que impulsó Garzón y se cargaron vergonzosa y secretamente PSOE y PP hace 2 años. Todas esas cosas, o algunas de ellas, o parte de cada una -quién sabe- han creado al menos la sensación de que ya no puedes hacer lo que te dé la gana. Y estos cambios que se han debido en gran parte a las denuncias de las atrocidades por parte de ONGs como aquella para la que trabajaba Flors; al trabajo incansable de Amnistía Internacional, la Coalición por una Corte Penal Internacional, y tantas otras personas y organizaciones. Personas que trabajamos en estas cosas -que diría mi madre- y que a veces nos desmotivamos, que a veces no sabemos si lo que estamos haciendo sirve para algo, si al final conseguiremos cambiar alguna cosa. Y esta mañana en el 20minutos he encontrado la respuesta: sí,  mientras haya una sola persona que crea que las cosas ahora son distintas, y ya “no puedes hacer lo que quieras en tu casa”.  Josep Maria, gracias.

Así que hoy, con retraso, les dedico este post y el día de la mujer a Flors y todas las mujeres valientes que se dejaron y se dejan la piel y la vida cada día por un poquito más de justicia.  Ya veis que sí vale la pena, a pesar de Libia, a pesar de todo.

Una de misterio

Todo tenemos un sueño, o muchos. Yo soy de las de muchos, y uno de ellos es tomarme unos meses de vacaciones para lanzarme al periodismo de investigación entre Bilbao y Ghana. Toma ya.

El gusanillo me lo metieron Amnistía Internacional, Fundació per la Pau, Intermón Oxfam y Greenpeace, que desde hace más de 7 años vienen denunciando las exportaciones españolas de municiones a Ghana.

Desde hace muchos, muchos, muchos años, como un reloj, salen del puerto de Bilbao fantásticos contenedores que contienen varios millones de euros de munición de “caza y tiro deportivo”. Las comillas deben leerse con una sonrisilla irónica, ahora explico el porqué.

Sólo entre 2006 y 2009 España autorizó a esa empresa la exportación de 15 millones de euros en cartuchos de escopeta. Según he visto en internet, el precio medio de un cartucho de caza es de 70 céntimos . Y aunque soy de Letras, puedo calcular y calculo que 15 millones entre 70 céntimos da un total de… 21 millones de cartuchos. Ya les tiene que gustar la caza y el tiro deportivo a los ghañenos, porque salen casi a cartucho por habitante. Así que me voy a a Wikipedia. Y descubro que Ghana nunca ha ganado un campeonato del mundo de tiro deportivo, y que la caza tampoco está entre sus grandes industrias. Mosqueante.

Afortunadamente en 2009 la entonces Secretaria de Estado de Comercio arrojó algo de luz al asunto responder en el Congreso a una pregunta sobre el enorme volumen estas exportaciones.  Muy ancha, la ahora ex-secretaria de Estado llamó a la calma: esa munición no es toda para Ghana, sino que de allí va a parar a países vecinos.

Menos mal. Me quedo mucho más tranquila sabiendo que esos cartuchos han servido para “la caza o el tiro deportivo” (recuerden lo de la sonrisilla irónica)  en Nigeria, Costa de Marfil, Togo o similar.

España.