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La decencia

decencia (Del lat. decentĭa).

1. f. Aseo, compostura y adorno correspondiente a cada persona o cosa.
2. f. Recato, honestidad, modestia.
3. f. Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas.

Mientras Sánchez Gordillo atiende sin cesar a medios de comunicación y acapara titulares por asaltar supermercados y tomar una finca, cual Curro Jiménez contemporáneo, hay un grupo de hombres y mujeres buenos que se rebelan en silencio y sin cámaras ante otra injusticia, tan silenciosa como ellos. Una injusticia cobarde, indecente, que condenará a cientos de miles de personas en nuestro país a la enfermedad y la pobreza.

Esas personas son médicos, enfermeros y  enfermeras, personal administrativo y de servicios sanitarios que se niegan a acatar una norma injusta que vulnera los fundamentos éticos de su profesión: la supresión de la asistencia sanitaria a los inmigrantes irregulares.   Estas personas decentes han decidido honrar el juramento hipocrático, el que dice  que la salud y la vida del enfermo serán las primeras de sus preocupaciones, y que no permitirán que entre su deber y su enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase.

Y ante este elogiable (y extraño en estos tiempos) ataque de decencia, los estamentos se rebelan.  El Consejo de Enfermería les avisa de que tratar a los inmigrantes es inviable jurídicamente. El Ministerio de Sanidad les amenaza con sanciones administrativas. (Les recuerdo que el Ministerio lo dirige este el mismo partido que aplaudía la objeción de conciencia de los profesores frente a la Educación para la Ciudadanía.)

Los editores del blog 3500 millones están impulsando una iniciativa para que los ciudadanos podamos mostrar nuestro apoyo a estos profesionales. Para que sepan que no están solos. Para que sepan que hay más personas decentes que les aplauden y les agradecen el acto de valentía y dignidad, esa luz en la oscuridad moral de nuestros tiempos. Yo ya la he firmado. Hazlo tú tambien.

 

 

Pluriempleo bloguero

 

foto: Hannah Schildt

Hace semanas que no actualizo el blog, porque  el poco tiempo libre que tengo lo he utilizado para escribir un par de entradas en el blog 3500 millones de El País, que coordina el compañero Gonzalo Fanjul.

Aquí os dejo los enlaces por si queréis echarles un vistazo:

- Hoy mismo, “Y ganó el 15M” , con mis impresiones sobre los resultados de las elecciones y el futuro de este movimiento.

- Hace un par de semanas, a partir del caso de Uganda, escribía sobre si hay derechos humanos de primera y de segunda: ”Uganda: sin pobreza, sin SIDA, sin gays.”

En breve volveré a escribir aquí, que ya tengo unas cuantas ideas rondándome por la cabeza…

A dios le pido

Cuando era pequeña, el Domingo de Ramos era el día que estrenábamos ropa. Las semanas previas eran las de ir a la modista, Celina se llamaba, y de probarnos las chaquetas que nos calcetaban mi madre y mi abuela “por si hace malo”. Y llegaba el domingo y allá ibamos mi hermana yo; ella feliz con su vestido nuevo, yo rezongando por el vestido pero feliz por la palma -de las normales, no aquellas horteras y trenzadas. Por aquella época yo no sabía que la idea de las palmas era agitarlas para dar la bienvenida a Jesús en Jerusalem, así que yo me dedicaba a pegarle palmazos al pobre borriquito como si me fuera la vida en ello.

Hoy pensaba en aquellos tiempos mientras leía el periódico en la plaza. De repente, ¡BOOM! El ministro de trabajo admite que podríamos llegar a los cinco millones de parados. Vaya por dios, Valeriano, lo que nos faltaba.  Y sigue: “Hay que decir que, en España, durante la crisis, la población activa se ha comportado muy erráticamente. Pues ni me quiero imaginar cómo se ha comportado entonces la población inactiva. Pero más allá de las palabras, lo que más me llamó la atención fueron las formas: nuestro ministro, que tiene cara de buena persona,  hablaba como si eso no fuese con él, como si la culpa fuese de la población activa, que mira tú que le ha dado por ser errática. Sólo le faltó decir que claro, con gente comolos empleados de Telefónica,  empeñados en irse al paro, como no vamos a llegar a los cinco millones.

Ufff. Me pedí otro vino blanco y cambié de periódico. Aquí, oh sorpresa: la ministra de economía dice que  la crisis la están pagando quienes no son responsables de ella. Vaya, lo mismo que decimos en Intermón Oxfam.Tres cosas, Elena: lo primero, ya era hora. Lo segundo: vaya lumbrera. Lo tercero: pues hija mía, haz algo.

Porque gracias a vosotros, que estáis en el gobierno -o lo estabais la última vez que lo comprobé- las compañías se permiten despedir a miles de trabajadores mientras pagan a sus directivos bonus millonarios. Así que no digas sobre Telefónica que no entras “en el terreno de lo legal, pero hay que considerar la oportunidad y la responsabilidad social”: llama a Valeriano y prohibid este tipo de inmoralidades. Porque si no podeis hacer nada contra el paro, ni contra los que se aprovechan de la crisis, no sé si vale la pena que sigáis siendo ministros; sinceramente yo prefiero pagarle el sueldo a otros.

Hoy empieza de verdad la Semana Santa, y como decía ahora mismo una señora en el telediario: “siempre hay muxo que pedirle a la Virgen“. Y que lo diga, señora. Yo por lo pronto ya sé qué le voy a pedir: que el año que viene por estas fechas  suban en la burra a los ministros y ministras. Ahí sí que voy a disfrutar con la palma.

http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5jwIGPskyGjwyy6ddZWV1nFRaDgMg?docId=CNG.340f7dfe8365fbd150ff008f0d971b76.431

La ola

 

Cuando se trabaja en una ONG no suele haber días tranquilos. Hoy iba a serlo, pero de nuevo no.

Todo el mundo ha visto ya las impresionantes imágenes del mar devorando las costas de Japón. Devastador. Inmediatamente se me vino a la cabeza la fatídica navidad del 2004. Las comparaciones son odiosas, y más en estos casos, pero yo no puedo olvidar que hace 6 años en el sudeste asiático un terremoto de escala similar, con su consiguiente tsunami se llevó por delante más de 200.000 vidas. En Japón no se sabe todavía, pero afortunadamente serán menos, muchas menos.

La diferencia entre Sri Lanka o el sur de la India y Japón, o entre 300 y 200.000 muertes está en lo que llamamos vulnerabilidad, es decir, el nivel de riesgo que afronta una persona a perder la vida, sus bienes y sus medios de vida en el caso de un desastre. Lo de la persona es importante, porque la vulnerabilidad es muy relativa, y aunque está influida por factores medioambientales y geográficos,  sus causas son principalmente socio-económicas, y si no pregúntenle a los habitantes de Nueva Orleáns. Incluso las diferencias de género juegan un papel: en el caso del tsunami de 2004, un estudio de Oxfam mostró que en algunas zonas, como Aceh en Indonesia, el 77% (!!) de las víctimas fueron mujeres. ¿Por qué? Sencillo, ellas eran las que trabajaban en casa y no sabían nadar.

Pero volvamos a Japón. El terremoto y el tsunami han hecho mucho daño, se tardarán días o semanas en poder evaluarlo completamente. Pero hay algo que puede ser mucho más destructor que el terremoto y el tsunami juntos: el país ya ha declarado la alerta nuclear ante el temor de accidentes en las centrales de Fukushima y Onagawa. En esta última se ha incendiado una de las turbinas vinculadas con el sistema de refrigeración del reactor. Y si la refrigeración no funciona y el reactor se calienta en exceso ¿saben qué sucede? Chernobyl.

Así que por favor, los que predican que la nuclear es una tecnología totalmente segura, piensen un poquito. Los terremotos no se eligen, las centrales nucleares sí.

Mientras, los equipos de Oxfam ya están preparados para actuar. Esperemos que no haga falta.

Por cierto, la tecnología ha vuelto a jugar un papel crucial. Con los teléfonos colapsados, las líneas de datos seguían en pie. Algo curioso: un mapa realizado por @mibazaar que muestra las localizaciones de los tweets con los hashtags #japan #earthquake y #tsunami.

En eso estamos

 

Yo tendría unos 12 años, él 71. Yo estaba ávida de saber más de la vida, y él me regaló una sonrisa etrusca llena de experiencias. Leyéndolo sentí por primera vez ternura por alguien. Después vendrían viejas sirenas y amantes lesbianos, y hacía años  que no pensaba en él hasta que le ví hoy en el telediario, entrevistado, claro, por Carlos del Amor.

Aquí seguimos, yo con 34, él con 93, y resulta que nos parecemos más que nunca. Hoy, tras entregarle la Medalla del Orden de las Artes y las Letras Ha Hablado, así, con mayúscula.Como a mí, le indigna la indiferencia, y “en los dirigentes” -ojo al matiz, es muy relevante – no soporta “la ignorancia y la soberbia”. Dice que saldremos de esta crisis como de otras, pero que pagarán los de siempre. No tiene miedo a decir que el sistema está derrumbado, y que Europa es una ruina; que en esta sociedad de mercado todo se convierte en mercancía, hasta el hombre. Y que habrá más revueltas, más violencia, algo inevitable en un mundo en el que el 20% de la población despilfarra y destroza el 80 % de los bienes. Y no es palabra -sólo- de escritor, aquí el señor es un avezado economista.

Él solo quiere seguir creciendo y ser una persona decente . “En eso estamos”- dice. En eso estamos, digo.

Lo único que me da rabia es que haya sido la Ministra González-Sinde la que se lo ha entregado. Ella no le merece. No le merecemos.