Para la libertad

FOTO: Sergio Parra

 

No estoy de acuerdo con tus ideas, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlas. Algo así decía una frase que leí hace tiempo, creo que atribuida a Voltaire. Una de esas frases que me han marcado todos estos años, porque resume de una forma muy simple algo mucho más complejo: la libertad de expresión.

Fue también una persona que admiro, jefa mía hace algunos años en el departamento de derechos humanos de la Comisión Europea, la que me dio un criterio que he intentado seguir cuando he tenido que resolver algún dilema moral o de otro tipo: defiende siempre la opción que garantice la mayor libertad. Qué fácil decirlo pero cuánto me ha costado muchas veces hacerlo.  Pero nadie dijo que el camino de los derechos fuese fácil.

Por eso me he quedado ojiplática cuando he leído la noticia de que el Festival de Mérida había decidido retirar de la exposición “Camerinos“, del fotógrafo Sergio Parra, una foto del actor Asier Etxeandia. No en Birmania, ni en Corea del Norte, no, en la España del 2011. Ufffff.

Entiendo que la imagen desagrade a algunas personas. A mí, que me crié en el cristianismo, me parece estéticamente bonita pero al tiempo muy provocadora. El buen arte es lo que tiene, que provoca, para bien y para mal: en el MUSAC, sin ir más lejos, he visto exposiciones fantásticas junto a instalaciones que me han parecido de lo más ordinario y desagradable. Pero eso me han parecido a mi, solo a mi. Para otras personas esas instalaciones habrán sido geniales, incluso inspiradoras. Imaginemos que la mitad de los visitantes del Museo del Prado considerasen que la Maja Desnuda es ofensiva. ¿Deberíamos descolgarla?

La libertad de expresión tiene límites, pero en una sociedad democrática esos límites deben marcarlos sólo las leyes, no las sensibilidades de determinados grupos, incluidos los grupos religiosos, sobre todo en un estado supuestamente aconfesional como el nuestro. En este caso, como en el de las caricaturas de Mahoma, o en el de los Versos Satánicos, yo escojo la libertad.

Parece ser que la foto se eliminó tras la llegada de más de 200 correos pidiendo su retirada. Yo ahora he creado una petición para pedir a la Junta de Extremadura y a la Dirección del Festival su reposición. Porque la lucha por la defensa de los derechos y las libertades a veces se libra en pequeñas batallas. ¿Me ayudas?

Pluriempleo bloguero

 

foto: Hannah Schildt

Hace semanas que no actualizo el blog, porque  el poco tiempo libre que tengo lo he utilizado para escribir un par de entradas en el blog 3500 millones de El País, que coordina el compañero Gonzalo Fanjul.

Aquí os dejo los enlaces por si queréis echarles un vistazo:

- Hoy mismo, “Y ganó el 15M” , con mis impresiones sobre los resultados de las elecciones y el futuro de este movimiento.

- Hace un par de semanas, a partir del caso de Uganda, escribía sobre si hay derechos humanos de primera y de segunda: ”Uganda: sin pobreza, sin SIDA, sin gays.”

En breve volveré a escribir aquí, que ya tengo unas cuantas ideas rondándome por la cabeza…

Vergüenzas

 

Hoy les voy a contar una historia, la historia de Kaila.

Kaila no ha cometido ningún delito –a no ser que sea un delito irte a otro país a buscar una vida mejor. Como no ha hecho nada malo y no la pueden meter en la cárcel, las autoridades del país la han encerrado en un centro para personas como ella. 

A Kaila le han diagnosticado un cáncer intestinal grave, y por eso necesita ir al baño frecuentemente, de día y de noche, y muchas veces con urgencia. Pero su habitación está cerrada y no tiene inodoro, y cuando llama al timbre los guardias tardan mucho, a veces muchísimo, en abrir la puerta para acompañarla al baño. Así que ya se imaginan lo que pasa. Los amigos que pueden visitarla le traen algunos productos para ayudarle en su higiene, pero los guardias –alegando motivos de seguridad- no se los dejan pasar.

Kaila necesita una medicación y una dieta determinadas. Pero en el centro la comida es la misma para todos, y sólo hay un médico y un enfermero, que no siempre la pueden o quieren atender. Le sube la tensión, y de vez en cuando se desmaya. Sus familiares le escriben para que no se sienta sola, pero las cartas le llegan abiertas, a pesar de que la policía no tiene ningún derecho a abrirlas o leerlas.

Hay personas que han querido denunciar el comportamiento de algunos policías, pero no pueden porque no saben quienes son, ya que –en un gesto propio de mafioso carcelero americano de la Milla Verde– éstos le dan la vuelta a su placa reglamentaria para que no se puedan ver sus números de identificación.  

Me gustaría decir que esto es una historia irreal, pero lo único irreal es el nombre de Kaila.

Me gustaría decir que esta historia sucede en Birmania, o en la República Centroafricana, pero por mucha vergüenza que me dé, resulta que sucede aquí al lado, en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche.

Me gustaría decir que la historia es exagerada, pero lo confirma todo un Auto del Juzgado de Instrucción Nº 6 de Madrid  que ordena al director del Centro tomar las medidas necesarias para garantizar el cuidado de Kaila y el resto de personas internas –que pueden no ser todos angelitos, pero son personas.

El auto es del mismo juez -Ramiro García de Dios- que hace unos meses ordenó abrir el CIE a las visitas de las ONG. Les recomiendo en este foro los comentarios de algunos policías sobre esta medida y sobre el juez que la dictó. Y les recomiendo también leer esta entrevista con el juez, una de esas personas que –en mi modesta opinión- cuentan con el menos común de todos los sentidos: el sentido común. Pero juzguen ustedes mismos.

Identifíquese

 

Adivinen dónde está hecha esta foto. ¿Guatemala? Podría ser. ¿Colombia? Frío, frío. ¿Honduras? No, más cerca. Es aquí al lado, en Aluche, o en Lavapies.

Reconozco que la primera vez que oí lo de las “brigadas vecinales de observación” me temblaron las carnes. El nombre me traía a la mente a esos grupos de ciudadanos bastante sonados y bien armados que habitan en algunas comunidades blancas de EEUU para proteger a sus congéneres y su raza. Me equivocaba de pleno. Las brigadas vecinales de observación de derechos humanos no dan miedo. Son grupos están formados por personas procedentes de diferentes colectivos y asociaciones de barrio de Madrid, y se organizan para rechazar las redadas masivas  contra las personas inmigrantes que, como bien documenta el fotógrafo Edu León, son el pan nuestro de cada día.

No llevan pistolas, sino un chaleco bien naranja, boli y libreta. A mi me gustan, porque aprovechan sus papeles para hacer sentir menos miedo a los que no los tienen. Porque altruistamente hacen lo que debería estar haciendo el Estado, si fuese ético:  recuerdan a las personas inmigrantes sus derechos, y a la policía sus limitaciones.

Y algo deben estar haciendo bien, porque –como en Guatemala y Colombia y otros lugares de cuyo nombre no quiero acordarme- las autoridades los consideran incómodos y están intentando sacárselos de en medio via multazos de la Delegación del Gobierno de Madrid: 301 euros, más o menos la misma cantidad que les cae a las personas inmigrantes que no llevan la documentación encima. Y no es sólo en Madrid, en Valencia pasan cosas parecidas.

Ojo, lo de las redadas no lo digo yo, ni unos cuantos locos de izquierdas: lo ha dicho la ONU, y varias veces.  La última, hace tan sólo unas semanas, cuando el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de Naciones Unidas pidió a España que acabe con los controles de identificación basados en “perfiles étnicos y raciales” que, en la práctica, se traducen en “detenciones indiscriminadas” y “restricción de derechos” de los extranjeros. Blanco y en botella.

Pero la ONU ya había avisado en julio de 2009, cuando el Comité de Derechos Humanos condenó a España y le recordó al gobierno y  al Tribunal Constitucional que la raza no debe ser usada como indicio de posible situación ilegal en los controles de identidad. Y todo gracias a una sola persona, Rosalind Williams, a la que acabo de añadir a mi lista de mujeres valientes. Rosalind es una mujer española que nació en Nueva Orleans y lleva más de 40 años en España. Un día de la Constitución –qué ironía- cuando iba con su marido y su hijo por la estación de tren de Valladolid, un policía de paisano le pidió que se identificase. Así, sin más, y sólo a ella. Porque resulta que Rosalind es negra, y el policía  tenía instrucciones de identificar a “gente como ella”. Esto fue en 1992, pero parece que ciertas cosas no cambian nunca.

Y a todo esto leo – en La Razón nada menos- que según decenas de expertos reunidos por la Fundación Ortega-Marañón será necesaria una segunda oleada de inmigración en España hacia el año 2015 para cubrir la mano de obra que los españoles no pueden proporcionar.

Si es que somos imbéciles.

Edu León-Redada en Pacífico

En eso estamos

 

Yo tendría unos 12 años, él 71. Yo estaba ávida de saber más de la vida, y él me regaló una sonrisa etrusca llena de experiencias. Leyéndolo sentí por primera vez ternura por alguien. Después vendrían viejas sirenas y amantes lesbianos, y hacía años  que no pensaba en él hasta que le ví hoy en el telediario, entrevistado, claro, por Carlos del Amor.

Aquí seguimos, yo con 34, él con 93, y resulta que nos parecemos más que nunca. Hoy, tras entregarle la Medalla del Orden de las Artes y las Letras Ha Hablado, así, con mayúscula.Como a mí, le indigna la indiferencia, y “en los dirigentes” -ojo al matiz, es muy relevante – no soporta “la ignorancia y la soberbia”. Dice que saldremos de esta crisis como de otras, pero que pagarán los de siempre. No tiene miedo a decir que el sistema está derrumbado, y que Europa es una ruina; que en esta sociedad de mercado todo se convierte en mercancía, hasta el hombre. Y que habrá más revueltas, más violencia, algo inevitable en un mundo en el que el 20% de la población despilfarra y destroza el 80 % de los bienes. Y no es palabra -sólo- de escritor, aquí el señor es un avezado economista.

Él solo quiere seguir creciendo y ser una persona decente . “En eso estamos”- dice. En eso estamos, digo.

Lo único que me da rabia es que haya sido la Ministra González-Sinde la que se lo ha entregado. Ella no le merece. No le merecemos.

Ya están aquí

El otro día, al hilo de la formación del nuevo gobierno holandés y el apoyo del ultraderechista y rubio teñido Wilders al mismo, hablábamos de la de la extrema derecha en Europa. Optimista de mi, defendía que en España este tipo de partidos xenófobos todavía no tienen cabida. Eso me pasa por hablar.

Al día siguiente mi amiga Encina me enviaba esta frustrante noticia: arropado por el lider ultraderechista catalán Anglada se presentaba en sociedad un nuevo partido antislámico que competirá en las elecciones al Ayuntamiento de Madrid. Su descerebrado líder es un tal Enrique de Diego que, no os lo perdais, ha escrito un libro con el título “Chueca no es Teherán”. Sí, yo también me pregunto qué contará, pero intuyo que los argumentos de este libro deben ser tan apasionantes como el título del sermón dominical que hace unos meses ví en la puerta de una iglesia evangélica en Mississippi: “Si el hombre desciende del mono, por qué todavía existen los monos?”.

Durante el acto se habló de “españoles bien nacidos” (??) y se escucharon perlas como éstas: “España es un país incomaptible con el Islam, somos cristianos viejos” (más ??). O, como no, “Nos va a tocar a los españoles expulsar a los musulmanes de nuestro país“.

Viendo lo que hay en Europa, creo que deberíamos  hacer algo. Cuando leí el artículo inmediatamente se me vino a la cabeza la Ley de Partidos Políticos aprobada en el año 2002. Asi que me fui a mirarla. Y esto es lo que dice n su artículo 9.2: Un partido político será declarado ilegal cuando su actividad vulnere los principios democráticos, particularmente cuando con la misma persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático, mediante alguna de las siguientes conductas, realizadas de forma reiterada y grave:

  1. Vulnerar sistemáticamente las libertades y derechos fundamentales, promoviendo, justificando o exculpando los atentados contra la vida o la integridad de las personas, o la exclusión o persecución de personas por razón de su ideología, religión o creencias, nacionalidad, raza, sexo u orientación sexual.”

Blanco y en una botella. Como ciudadana feliz de vivir en una democracia, agradecería que los señores fiscales tengan los oídos bien abiertos en los mitines de estos impresentables. Y hagan que se cumpla la ley. No tengan miedo de que les acusen de vulnerar la libertad de expresión, que lo harán. Seremos muchas personas las que les apoyaremos para frenar el ascenso del racismo y la xenofobia. Háganlo, porque después será demasiado tarde. Que se lo digan a Holanda.

Mis valientes

Las Cámaras están agitadas, hace tiempo que no veía tantas noticias en las que los protagonistas fuesen el Congreso y el Senado. Creo que es bueno que las discusiones de los que al fin y al cabo nos representan estén en el dominio público. Así puedo escribir posts como este.

Pues bien, nuestras Señorías han estado entretenidas estos días en un tema crucial para la situación de España: el uso del burka. El Senado aprobó el miércoles, con el apoyo de CiU, UPN y PP,  una moción que insta al Ejecutivo a “realizar las reformas legales y reglamentarias necesarias para prohibir el uso en espacios o acontecimientos públicos que no tengan una finalidad estrictamente religiosa de vestimentas o accesorios en el atuendo que  provoquen que el rostro quede completamente cubierto“. Tal cual. Ni más ni menos. Supongo que tendremos que considerar el carnaval como un acontecimiento público de finalidad estrictamente religiosa, o prepárense los cowboys con pañuelo, los médicos con mascarilla, los fantasmas y otros impresentables que osen cubrir su rsotro con accesorios.  En fin.

A lo que voy no es a eso. Es a que sobre este tema, que a mi entender no es urgente, y esta moción – que no soluciona ni de lejos el problema de la opresión de algunas mujeres musulmanas- los partidos se han posicionado. A favor o en contra.

Sólo un día antes el Congreso de los Diputados convalidaba el decreto sobre la polémica reforma laboral. Se supone que es un tema muy relevante para los ciudadanos, trabajadores en nuestra mayoría. Pero, ay, aquí si que no tenemos posición: el vergonzoso resultado es de 167 votos a favor, 8 en contra, y 173 abstenciones. Así que sobre los derechos de los trabajadores, ni PP, ni CiU, ni PNV, ni CC, ni UPN, ni UPyD tienen posición. Valientes.

Sí, sí, es el juego político. Pero permítanme que me parezca vergonzoso.

No me gusta que al partido te pongas la minifalda

No, no voy a hablar del 0-1. He vuelto zen de 10 días en Japón y me he propuesto mantenerlo. Desde que he llegado, las noticias que se ven son fútbol, fútbol, fútbol y no se qué de una huelga general. Las que no se ven os las cuento mañana.

Pero ahora hablabamos de fútbol. Y hablar de fútbol es hablar de cerveza.  Es como las palomitas y el cine, o el gin & tonic.

En Holanda como en España, durante una competición de fútbol las empresas de cerveza regalan materiales de propaganda -merchandising en coolñol- como camisetas, “aplaudidores” (!!), gorras, gorros y todo tipo de accesorios.

Pues bien, Bavaria, marca de cerveza más conocida en Holanda que fuera, regalaba unos fantásticos vestiditos naranjas al comprar sus cervezas. Y a 36 chicas se les ocurre ponérselas e ir al estadio de a animar a la selección naranja contra Dinamarca. ¿Por supuesto? acaban interrogadas por la policía:  la  FIFA las expulsó a mitad de partido acusándolas de publicidad encubierta porque la cerveza oficial es Budweiser (y sus marcas como Brahma). Pero eso no es todo: la FIFA manifestó que las mujeres fueron “utilizadas como un instrumento para una emboscada mercadotécnica”.  Claro, porque las mujeres somos imbéciles.   Y no digo nada de los fantásticos y machistas titulares de la prensa sobre la noticia: “Expulsan a 36 bellas holandesas…”, “Tarjeta roja a 36 atractivas chicas” y demás lindezas. No sé a cuantos atractivos hombres habrán echado de los partidos hasta ahora.

Ya lo sabíamos, pero esto nos da otra prueba de quién manda aquí: el mercado. Por encima de cualquier derecho, incluido el de ponerte lo que te dé la gana. O el de abrir tu negocio: los bares locales de los alrededores de los estadios están reservados en exclusiva para que sólo puedan venderse Coca-Cola,  McDonalds y pos supuesto, Budweiser.

Ah, por cierto, los vestidos NO llevaban de manera visible el nombre de la marca holandesa.  Y aunque la llevasen. En fin. Por si acaso, beberé albariño durante el próximo partido. De eso no creo que haya en Sudáfrica.

Hijpócritab

No quería escribir este post. Creo que la prensa le está dando una importancia que no tiene al tema del velo en las escuelas. Ganas de vender noticias, y crear polémica por crearla.

Pero hoy no he podido resistirme. Leo en El País que “Un segundo instituto cambia su reglamento y evita la asistencia de Najwa”. O sea que no se trataba, como decían muchos, de que las normas ya estuviesen ahí. Se trata de otra muestra más de miedo al mundo musulmán. Y de discriminación, sí.

No me gustan las prohibiciones. Mi religión es la de los derechos (humanos), y por eso creo que sólo deben prohibirse las cosas que afectan negativamente a los derechos de otra persona. Llevar el hijab per se no vulnera los derechos de nadie. Prohibirlo sí: vulnera el derecho a la libertad religiosa, incluso a la libertad sin más: la libertad de ponerte lo que te dé la gana donde te dé la gana. A Najwa nadie se lo imponía. Ella quería llevarlo. Al igual que yo solía llevar al cuello el crucifijo que me regalaron mis abuelos. Al igual que las monjas dan clase con su toca en los colegios concertados pagados con dinero público.

Toda esta polémica evita el verdadero problema, que es otro. Los problemas de integración no los causan las niñas que libremente deciden -como en este caso-llevar el velo. El problema de verdad es qué hacemos cuando ese velo es impuesto. Qué hacemos cuando a las mujeres musulmanas no se les permite elegir. Qué hacemos para evitar que los jovencitos musulmanes en nuestras calles nos llamen “putas” por llevar una falda. Qué hacemos para evitar que algunos, repito, algunos padres musulmanes restrinjan la educación y la libertad de sus hijas y mujeres. En fin, lo importante es garantizar que esas mujeres musulmanas tengan en nuestros países los mismos derechos que las mujeres españolas, incluido llevar en la cabeza lo que les plazca, y decidir sobre su vida. Y garantizar que las personas musulmanas que viven en nuestro país no coartan nuestros derechos y nuestra libertad, que nuestra lucha nos ha costado conseguir. Pero eso es lo difícil, lo fácil es centrarse en Najwa y su velo, y apartar la mirada de los verdaderos problemas.

Me quedo con un comentario leído en la noticia de El País:  Najwa, preciosa y valiente, me encantaría ponerme un pañuelo en mi calva y acompañarte, mientras ese pequeño mundo de cotorras y cernícalos te crucifican”. Y con este corto de Xavi Sala que expresa maravillosamente lo que yo pienso.