Hace unos cuantos meses que no escribo, primero porque he estado escribiendo otras cosas; segundo, porque la vuelta al trabajo ha sido una locura: preparando una nueva campaña en España, una nueva campaña internacional, inundaciones en Pakistán, preparativos para la Cumbre de los ODM la semana que viene en Nueva York… No me apetecía escribir, la verdad.
Pero la indignación que siento hoy necesito compartirla, lo siento por los pocos que me leéis. Ojiplática me he quedado con la Comisaria de Justicia Viviane Reding, pidiendo perdón a Sarkozy. ¿Perdón? ¿Por decir verdades como puños? ¿Por defender la legalidad europea e internacional? ¿Por defender los derechos humanos? Por favor.
Los que deberían pedir perdón son otros. El Presidente Zapatero, por su silencio cómplice. El señor Rajoy, que “respeta” las medidas sin despeinarse. Todos los que no se han atrevido a plantar cara a una medida xenófoba y populista y, desgraciadamente, me temo que popular.
Para mí es una prueba más de que esta no es la Unión Europea que yo quiero, una prueba más de que hice bien cuando voté NO al Tratado de Lisboa, un tratado que insiste en frenar las competencias de la única institución que es capaz de defender los intereses de Europa y sus valores (los derechos humanos y la paz entre los principales) frente a los intereses electorales y ombliguistas de los Estados Miembros que forman el Consejo.
Sé que mi opinión en esto, como en casi todo, es minoritaria. Pero yo al menos puedo mirarme al espejo.
Por si lo quereis ver otra vez:
