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17O

 

Cientos de miles de personas en todo el mundo salimos a la calle el pasado sábado para pedir un #cambioglobal, una democracia más participativa, más cercana a la ciudadanía y menos controlada por Los Mercados. Caminando por la calle Alcalá sentí de nuevo la sensación de las semanas posteriores al 15M. “Estábamos dormidos. Despertamos”: Es una de mis frases favoritas surgidas de este movimiento, y creo que refleja muy bien lo que muchas personas sentimos en un principio. Resulta que había más gente a la que este sistema no le gustaba. Resulta que éramos muchos los que creíamos que se puede construir un mundo mejor, los que sentimos que la sociedad al fin se había despertado, cansada de pasar cuatro años en el banquillo entre unas elecciones y las siguientes.

En mi opinión, el 15M y lo que le siguió ha cambiado muchas cosas, sobre todo a nivel de símbolos. Nos importa lo que está pasando. No nos gusta. Sabemos lo que hacéis. Pero tras las primeras semanas de euforia colectiva, y largas reuniones de grupos y asambleas,  reconozco que me asaltaron algunas preguntas para las que no tenía respuesta: ¿Y ahora qué? ¿Cómo convertimos esa voluntad de cambio, esa rabia, esa sensación de empoderamiento, en cambios reales y soluciones a los problemas económicos y sociales?

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Un mal dia

Foto: Oxfam

Hoy ha sido un mal dia. A media mañana nos comunicaban que habían matado en Nicaragua a Alex Muñoz Chávez.  

Alex era una de esas personas que te hacen creer en el ser humano y su capacidad para cambiar las cosas. Desde hace más de siete años trabajaba en la Asociación de Hombres contra la Violencia en Managua, donde coordinaba programas para sensibilizar y organizar grupos de adolescentes y hombres jóvenes contra la violencia.  Cuando se organizaban marchas o manifestaciones contra la violencia, allí estaba Alex. Para evitar la exclusión de las niñas montó y entrenó un equipo infantil de fútbol sala femenino, buscando darles no sólo la oportunidad de demostrar que las niñas también pueden jugar al balón, si no también creando un espacio para que pudiesen hablar sobre sus propias vidas y compartir maneras de prevenir y denunciar la violencia contra ellas.

Y aún hay más. Alex era miembro de la Red Socios en Acción, una red global de jóvenes que comprometidos a trabajar por un cambio social pacífico, equitativo y sostenible dentro de sus comunidades. Y por todo eso le seleccionamos como “Protagonista del Mes” de la web de jóvenes de Intermón Oxfam en marzo del año pasado.

A Alex, que trabajaba cada día para acabar con la violencia, le pegaron un tiro. A nosotros la noticia de su muerte nos afectó porque le conocíamos, pero la realidad es que lo que le pasó a Alex es normal. Dos mil personas mueren cada día en el mundo como consecuencia de la violencia armada. América Central es una de las regiones más violenta del mundo: si en España la tasa de homicidios es de menos de 1 por cada 100.000 habitantes, en Nicaragua esa tasa es de 13, y en Honduras de 60. Se calcula que en El Salvador la violencia con armas de fuego cuesta al Estado y a sus ciudadanos el 11,5% del PIB, más del doble del presupuesto para educación y salud.

El tráfico descontrolado de armas tiene mucho que ver en todo esto: lo que en unos lugares se “resuelve” (por decirlo de alguna manera) con un insulto, o un puñetazo, cuando hay una pistola a mano se resuelve a tiros. Se estima que a día de hoy circulan por el mundo 875 millones (!!!) de armas pequeñas y ligeras, tres cuartas partes de las cuales están en manos de civiles. El 60% de los homicidios son por causa de ese tipo de arma.

De ahí la necesidad de apoyar programas de desarme, y programas comunitarios de reducción de la violencia, como aquel en el que trabajaba Alex. Y además este año hay sobre la mesa una oportunidad de oro para mejorar las cosas: en Nueva York Naciones Unidas discute la aprobación de un Tratado Internacional sobre Comercio de Armas que las ONG llevamos años impulsando. Ayuda a la campaña Armas bajo Control. Por Alex y las otras 1999 personas que mueren cada día por culpa de las malditas armas.

 Os dejo con él.

httpv://www.youtube.com/watch?v=3VNSYtLqIZ0

 

Talkin´bout a revolution

Los de mi generación saben de donde viene el título de este post. ¿Cuántas veces habré oido esta canción? ¿Cuántas veces la habéis tocado con la guitarra?

En estas semanas de revoluciones twiteadas la canción se me viene a la cabeza una y otra vez. ¿Será verdad que finally the tables are starting to turn?

Esta mañana el desayuno se me ha atragantado con los sueldos de los consejeros de las empresas del IBEX35. Pero he decidido que no van a amargarme el día. Si en Libia en este momento hay miles de personas arriesgando su vida por la libertad, yo quiero poner un granito de arena y dedicar mi post de hoy a las revoluciones. Ya he hablado alguna vez aquí de las del mundo árabe, y hoy quiero hablar de otras más modestas pero igual de importantes, que han tenido lugar en países como el nuestro.

En Islandia, ese país del que nadie sabía nada hasta que estallaron la crisis y un volcán, hicieron lo todo el mundo debería haber hecho: negarse a que el presupuesto público pagase la sinvergüencería de los bancos, tumbar al gobierno y perseguir judicialmente a los banqueros culpables del desastre. Y por si fuera poco,  se han embarcado en un proceso de reforma constitucional con una Asamblea Constituyente formada por 31 ciudadanos corrientes, elegidos en las urnas. Ya lo contó muy bien Nacho Escolar hace algunas semanas.

El segundo caso es de Madison, Wisconsin, una preciosa ciudad en la que estuve el pasado verano en nuestro roadtrip americano. Resulta que el gobernador del estado cree que para reducir el déficit público de 137 millones de dólares no hay nada mejor  que cargarse el derecho de negociación colectiva de los sindicatos y los beneficios de los empleados estatales. Al día siguiente, cientos de estudiantes de secundaria ocuparon el Capitolio para solidarizarse con sus profesores y el resto de trabajadores estatales.  14 senadores demócratas se han escondido fuera del estado para evitar que haya quorum y la medida pueda votarse. Cuatro semanas después, la gente sigue protestando, y hasta Michael Moore se ha bajado a echar una mano. Os recomiendo su vídeo “America is not broke“. España tampoco está en bancarrota, no hay más que ver los sueldos de los amigos consejeros.

La canción termina así: poor people are gonna raise up and get their share. Poor people are gonna raise up and take what’s theirsInsha’Allah, Tracy.

 

httpv://www.youtube.com/watch?v=7rZbvi6Tj6E

EL conejo catatónico

Catatónico. Dícese del estado de este blog durante los últimos meses.

Lo confieso: he dejado de fumar, después de 17 años. Se dice pronto, pero cuesta. Así que he cambiado la adicción al tabaco por otra adicción inmediata, la adicción a Twitter. Primero fue Túnez, después  Egipto, después Bahrein, ahora Libia. Y en medio, la #leysinde y el #nolesvotes, la pequeña contribución española a esta revolución mundial. Más allá de la defensa de la democracia real y los derechos humanos, lo que realmente me apasiona de todos estos movimientos es el poder de las personas, su energía, su fuerza, el ejemplo real de que las personas pueden cambiar las cosas, aunque a veces les cueste la vida. En fin, apasionada estoy, siguiendo a Dima Khatib, Arabrevolution, Javier de la Cueva y tantas otras personas.

Un día antes de dejar de fumar empecé 2011  en la Puerta del Sol, comiéndome las uvas, por primera y última vez, delante del reloj. Nada especial: las campanadas no se oyen, y al terminar, como estamos en crisis, ni fuegos artificiales ni nada. Pero hay que hacerlo una vez en la vida. Y como no me gustó mucho, repetí: el año nuevo chino (para ellos acabamos de empezar el año  4707) me pilló en Oxford, con compañeros asiáticos, que me explicaron que este año es el año del conejo de metal. Tradicionalmente el año del Conejo es una año tranquilo, que se asocia con la diplomacia y el mantenimiento de la paz. Pero visto lo visto desde el 25 de enero, el conejo este año debe andar catatónico, como mi blog.

Gota a gota

Photo by Ahmad Hammoud via Flickr (Creative Commons)

No voy a disculparme. Llevo varias semanas enganchada a Twitter en todos mis minutos libres, que han sido pocos. He estado completamente abducida por las revoluciones en Túnez, en Egipto, en Sudán, en Yemen… y tengo que agradecerle a @Dima_Khatib, @ArabRevolution , @AJEnglish y a tantos otros haberme tenido informada segundo a segundo de lo que estaba pasando, de lo que está pasando. Me apasionan las revoluciones, y ahora Twitter me apasiona también.

Pero hoy no quiero hablar de Twitter. Quiero hablar de unas gotas.

La primera gota se llama Mohamed, Mohamed Bouazizi. No era un líder sindical, no era un líder político, no era un guerrillero, ni un gurú religioso. Mohamed era un joven informático en paro de 26 años que vendía verduras para sobrevivir. Una persona nomás, como tú y como yo. Pero más desesperado, y más valiente. La llama que encendió Túnez, dice El País. La gota que colmó el vaso, digo yo.

Mohamed se quemó a lo bonzo e hizo rebosar el vaso, un vaso lleno de represión, de pobreza, de hartazgo, de abuso. No de presidentes, porque Túnez solo ha tenido dos en los últimos 55 años. Y yo que pensaba que el récord lo tenía Don Manuel en Galicia.

Pero hay más gotas: Khaled Mohammed Said, un empresario egipcio de 28 años a quien dos policías de paisano mataron el pasado 6 de junio, supuestamente para evitar que difundiese un vídeo en el que varios policías se repartían un alijo de drogas. Amnistía denunció el caso y el grupo  de Facebook “Todos somos Khaled Said” ya tiene más de 600.000 miembros.

Y Asma Mahfouz, con su vlog llamando a la movilización en la plaza Tahrir el 25 de Enero.  O Mohamed Abdel Rahman, el estudiante sudanés que murió en los enfrentamientos con la policíaen Jartum. Y podría seguir, y seguir, y seguir, y llenar este blog y otros 1.000 más con los nombres de las personas valientes que se han cansado de la desigualdad, de la pobreza, de la tiranía.

Los pesados de las ONGs llevamos años diciendo que las personas pueden cambiar el mundo, comentario que suele ser recibido con una sonrisilla irónica por nuestros padres, madres, amigos y otros incrédulos interlocutores. Pero parece que teníamos razón.

Os dejo con mi nueva ídolo, recién llegada a mi lista de mujeres valientes: Nawal El-Saadawi, egipcia, 80 tacos. “Yo no me voy a casa. (…) Tienen una estrategia, la de asustarnos, matarnos de hambre (…) Por favor, tenemos que seguir”.

httpv://www.youtube.com/watch?v=ZM1scxpmbWQ

Mohamed Bouazizi