Tengo una debilidad…

Tengo una debilidad…

…tú lo sabes muy bien, él es Barack Obamaaaaaa. (NOTA: léase con la musiquilla correspondiente)

Así es, señores y señoras. No, no ha cerrado Guantánamo todavía. No, no es tan progre como prometía. Sí, ha hecho importantes concesiones a los republicanos. Pero a pesar de todo, me gusta. No, más aún, me encanta.

Acaba de terminar el discurso sobre el estado de la unión 2011, el discurso anual más importante del presidente de los EEUU. Lo he visto en el bar del hotel, con una cerveza y rodeada de americanos y americanas -un poco particulares porque están en una reunión estratégica sobre cambio climático -un fenómeno que mucha gente en este país pone en duda. Pero en fin, ahí estaba con mi cerveza, mis americanos, sintiéndome un poco personaje del Ala Oeste de la Casa Blanca -serie a la que estoy enganchadísima.

Y durante una hora he podido disfrutar de un político inspirador, como lo fue durante la campaña, y como no los tenemos en Europa. Escuchando algunas de sus frases lo que apetecía era cerrar los ojos y disfrutar, como cuando te comes un bombón belga. Sí, sí, sí, ha hecho concesiones a la agenda republicana, sin duda: congelación del gasto público durante los próximos 5 años, recortes, reducción de impuestos a las empresas… Obvio que tiene un Congreso republicano y le toca trabajar con él. Y lo reconoce: o trabajamos juntos, o no se podrá hacer nada.

Pero con un par, o dos, también ha dicho que no está dispuesto a volver a los días en que las compañías de seguros podían negar la cobertura alegando una enfermedad pre-existente. Esto que suena muy técnico lo explica muy bien Michael Moore en Sicko. Y habla largo y tendido sobre la importancia de la educación, la necesidad de invertir en ella y el necesario reconocimiento que debe hacer un país a los profesores. Y menciona sin miedo el cambio climático y la necesidad de “dejar de financiar la energía del pasado e invertir en la del futuro”, apostando por las energías limpias y renovables y retirando los subsidios a las compañías petrolíferas. Y menciona por primera vez en la historia de este discurso sobre el estado de la Unión la palabra “gay”, para recordar que ya nadie tendrá que dejar de servir al país que ama por razón de la persona que ama. Y habla de transparencia, y de garantizar que la ciudadanía tiene acceso a todos los datos relacionados con el gasto público. Y ha dicho bien claro que los EEUU apoyan al pueblo de Túnez y las aspiraciones democráticas de cualquier pueblo, como Sur Sudán. Y…en fin, podéis leerlo entero aquí.

Pero más allá de las medidas concretas es la inspiración que transmite lo que me tiene loca. Habla de valores como la perseverancia y la humildad, habla de principios, habla de los casos de personas de carne y hueso, habla del poder de los sueños, de las aspiraciones, de los ideales. Y eso nosotros no lo tenemos. No es nuestra cultura, vale, pero ¿y qué? Cambiemos nuestra cultura.

Y mientras lo hacemos, que lleva su tiempo,  cambiemos otras cosas. Por ejemplo, transformando nuestro debate sobre el Estado de la Nación -un muermo de infinitas horas que a nadie le importa, donde nuestros políticos se entretienen lanzándose pullitas- de forma que la ciudadanía pueda verlo, pueda interesarse. Hagamos de ese momento un examen público anual del presidente de turno. Retrasémoslo a una hora que la gente esté en sus casas. Televisémoslo en directo: es mucho más importante que el discursito navideño de Su Majestad.  Y obliguemos a nuestro Presidente, sea quien sea, y año tras año, a dar la cara, a contarnos qué va a hacer con nuestro dinero y la soberanía que le hemos prestado. Que responda.

Me voy a la cama, que me estoy poniendo romántica.

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