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Me encontráis en Las Reincidentes

Me sentía algo sola, así que he convencido a otras cinco locas y me he mudado con ellas al blog coral de Las Reincidentes.

Allí podéis encontrarme junto a cinco grandes mujeres: Marta Arias, Maria del Pozo, soledad Briones, yolanda Román y Lula Rodríguez-Alarcón. Visítanos en Lasreincidentes.es

No es país para líderes

 

 

Leo la crónica de Juanlu Sánchez sobre la primera reunión del #25S y pienso: otra vez. Otra vez se abalanzan y neutralizan una iniciativa, esta vez acusándola de “poco horizontal”.

No sé ni me importa quienes constituyen la plataforma En Pie, que convocó “Ocupa el Congreso” para el día 25 de Septiembre. Ni siquiera sé qué proponen exactamente. Pero sí me importa, y mucho, la alergia que existe en este país al liderazgo. Y me importa porque sin verdaderos líderes en todos los sectores de la sociedad jamás avanzaremos de forma sostenible como país. No se salva nadie, de ninguna ideología: hemos convertido en deporte nacional machacar a cualquiera que destaque o intente liderar algo.

Y me pregunto por las razones de este odio al liderazgo en un sector tan necesitado de ello como el del cambio social. Me pregunto por qué el movimiento #15M (si es que puede hablarse de ello como un algo homogéneo) ha frenado cualquier atisbo de liderazgo en sus filas. Quizá el problema tiene que ver con la palabra, al no entenderse la diferencia entre el liderazgo institucional y el liderazgo individual. El liderazgo institucional tiene que ver con jerarquías, rangos y poder. En sus peores versiones puede ser autoritario y dictatorial. ¿Puede que el rechazo absoluto a esos conceptos, asociados con el sistema político actual, sea la causa de la mencionada alergia al liderazgo, y la obsesión con la horizontalidad (aunque ésta no sea tal en muchos casos)?

O a lo mejor, como me comentaban ayer dos amigas, viene de un sistema educativo que fomenta la competitividad y el listo-tonto, y en el que a los que sacan buenas notas les pegan o les tiran a la fuente, dándoles un mensaje claro: no destaques.

No lo sé. Lo que sí sé es que el liderazgo es imprescindible para los cambios sociales. Un líder social es una persona con visión y motivación para perseguirla, y además una persona íntegra, honesta, con la empatía y la valentía necesarias para luchar por un mundo mejor para todos. Las hay, pero no son muchas. Y parece que eso, en este país, duele.  Si en las filas de nuestra sociedad existe algún Martin Luther King, alguna Aung San Suu Kyi, o algún Nelson Mandela, no se preocupen, no les conoceremos. Ya se encargarán algunos de callarles la boca y recordarles que no representan al pueblo.

Y me da pena, mucha pena, porque necesitamos a esos líderes. Y están ahí, yo conozco a algunos y a algunas, y tú también. Están en sus casas, con ganas de hacer realidad esa visión, pero con miedo a hablar, a salir a la luz, porque saben que cuando lo hagan muy probablemente van a destrozarlos. Con muchos ya lo han hecho.

Que no, que no, que no nos representan” cantamos muchas personas como yo en las calles en las semanas que siguieron al #15M. Lo que era un movimiento ciudadano, inclusivo, emocionante, se ha convertido en otra cosa. Y lo que me pone muy triste, año y medio después, es que siento que esa cosa a mí tampoco me representa.

El artículo que provocó esta entrada:

El #25S se reinventa para corregir sus pecados originales, por Juanlu Sánchez.

Me abstengo

A mí me suelen interesar las cosas de las que nadie habla. Por algo mi padre siempre me ha llamado “la defensora de las causas perdidas”.

Por eso, mientras esta mañana las portadas de los periódicos “respiraban” con el resultado de las elecciones en Grecia y muchos en Twitter se lamentaban -a pesar del gran resultado obtenido- de que no hubiese ganado Syriza, a mí me interesó más otro dato: el 37,5% de la ciudadanía griega ha pasado de ir a votar.  A pesar de la que está cayendo ¿o precisamente por eso?

Es fácil culpar a la crisis, pero viene de antes. Me pasó lo mismo con el referendo del famoso Estatut catalán. Cada día nos desayunábamos con una España que se rompía, políticos de uno y otro signo que hablaban del fin de los tiempos tanto si el Estatut se aprobaba como si no. Se produce el referéndum, y ¡oh sorpresa! No vota ni la mitad de la población (la participación fue del 48,85%).

Me interesa la abstención porque nos permite leer los números de otra manera. Pongamos el caso de la Constitución Española, de la que tan orgullosos estamos. Nos enseñan que el resultado final fue la aprobación del 88,54% de los votantes. Pero teniendo en cuenta que al referendo acudieron a votar el 67,11% de los electores, el apoyo total de los censados al proyecto de Constitución fue del 58,96% Diferente ¿no?

Supongo que los casos no son comparables, pero me intrigan las razones para la abstención. ¿No se entiende la política como una solución a los problemas diarios de la gente? ¿Se resignarán los partidos a prescindir del 40% de la población? ¿O harán algo para cambiarlo?

Muchas preguntas, pocas respuestas, pero me gustaría conocer vuestras opiniones en los comentarios a este post.

Debatiéndome

Me acaba de llegar un tweet que dice: “La Crisis es de VALORES. Crees que saldremos de ella con los políticos de siempre?” Pues no. Por eso, en estos días de tanto debate, yo también me debato. Pero mi debate no es el peñazo enlatado y gris  al que nos sometieron Rajoy y Rubalcaba;  mi debate es si votar a Equo o a Por Un Mundo más Justo (PUM+J).

Parece sencillo, pero no lo es. Primero, porque sorprendentemente la campaña electoral no me está facilitando nada las cosas. Pongo la tele, abro el periódico, y solo hay PSOE, PP, CiU, y a lo mejor, al fondo a la izquierda, IU y UPyD. Y a mi esos ya no me interesan. Segundo, porque mi chica es holandesa, y aunque trabaja y paga impuestos en esta España nuestra, no tiene derecho a votar (¿ustedes lo entienden?).  Por eso hemos quedado en que decidiremos juntas mi voto para que nos represente a las dos. Primer problema: adora UpyD y a Rosa Díez. Así que me he puesto a echar un vistazo a los programas de EQUO y PUM+J, para intentar que cambie de opinión.

Aquí está el de Equo, muy colorido e interactivo, y aquí el del PUM+J, 10 páginas densas en pdf. Suficiente.

Lo básico de ambos ya lo sé. Equo se define como verde, y por tanto está en contra de las nucleares, prefiere las bicis y el transporte público . El PUM+J tiene el fin de la pobreza como objetivo principal, quieren que se cierren los horribles CIES y que todas las personas, en España y fuera, tengan lo suficiente para vivir dignamente.

Una de las cosas que más me preocupa y me molesta es el fraude fiscal. Equo, muy militares para ser un partido verde, promete “lucha sin cuartel” contra el fraude fiscal. PUM+J propone un verdadero y decidido programa de lucha contra el fraude a todos los niveles, fiscal, económico y laboral. Empate.

Ponerle el cascabel a la banca. Me parece vergonzoso lo que ha sucedido y sigue sucediendo con la banca y el resto del sistema financiero. Se cargan el sistema y los rescatamos, las veces que haga falta, y además les pagamos los bonus, los nombramos economistas del año y les bailamos una sardana. Pasen y vean las deudas de los partidos políticos con las cajas de ahorro. No sigo, que me cabreo.

En relación al sistema financiero el PUM+J propone la creación de un nuevo tipo de entidad, la “Entidad Financiera de Carácter Social”, y  crear un instrumento financiero específico para el apoyo a la implantación y desarrollo de las empresas de economía social. Me gusta. Equo es un poco más naif. Habla de gran banca pública, mantener las cajas de ahorro y de la promoción y fortalecimiento de una banca ética y cooperativa, pero sin más detalle.

Y el empleo, claro. Equo propone trabajar menos horas para trabajar más personas, promoviendo una Ley de 35 horas semanales,  incentivando los acuerdos voluntarios de reducción de horarios en las empresas, promoviendo la conciliación de la vida laboral y personal, racionalizando los horarios de trabajo tal y favoreciendo el trabajo a tiempo parcial y el teletrabajo con condiciones de trabajo dignas y salarios justos y suficientes. El PUM+J quiere que la política de despidos de las empresas se controle en función de los beneficios obtenidos y que se vinculen  las subvenciones y ayudas públicas al mantenimiento y creación de empleo. Yo también.

Pero al final, la cuestión vuelve a ser si votar con el corazón o con la cabeza. Tras unos cuantos años inclinándome por el voto útil, que ha resultado ser bastante inútil, me tira irme hacia el partido que me cae mejor, y defiende ideas más cercanas a las mías. Mis amigos me dicen que Equo tiene oportunidad de sacar un escaño en Madrid, el PUM+J no. ¿Y qué? Pienso yo. Alo mejor hay que votar con el corazón y esperar el milagro. En Colombia, en un pueblecito que no podía llamarse si no Bello, el voto en blanco derrotó al único candidato.  Puede pasar.

 

PD. Os dejo los videos de ambos partidos, para la jornada de reflexión. Precioso y muy bien hecho el del PUM+J…

17O

 

Cientos de miles de personas en todo el mundo salimos a la calle el pasado sábado para pedir un #cambioglobal, una democracia más participativa, más cercana a la ciudadanía y menos controlada por Los Mercados. Caminando por la calle Alcalá sentí de nuevo la sensación de las semanas posteriores al 15M. “Estábamos dormidos. Despertamos”: Es una de mis frases favoritas surgidas de este movimiento, y creo que refleja muy bien lo que muchas personas sentimos en un principio. Resulta que había más gente a la que este sistema no le gustaba. Resulta que éramos muchos los que creíamos que se puede construir un mundo mejor, los que sentimos que la sociedad al fin se había despertado, cansada de pasar cuatro años en el banquillo entre unas elecciones y las siguientes.

En mi opinión, el 15M y lo que le siguió ha cambiado muchas cosas, sobre todo a nivel de símbolos. Nos importa lo que está pasando. No nos gusta. Sabemos lo que hacéis. Pero tras las primeras semanas de euforia colectiva, y largas reuniones de grupos y asambleas,  reconozco que me asaltaron algunas preguntas para las que no tenía respuesta: ¿Y ahora qué? ¿Cómo convertimos esa voluntad de cambio, esa rabia, esa sensación de empoderamiento, en cambios reales y soluciones a los problemas económicos y sociales?

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