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Infieles

Mi silencio de estas últimas semanas se debe a dos cosas: una, mi ordenador ha muerto, y me cuesta mucho ser infiel. Y dos, necesitaba digerir todo lo que está pasando, porque han sido semanas pésimas para las personas que creemos en la justicia, incluida la social. Pero aquí estoy de nuevo.

Siento como si algo se estuviese desmoronando, algo importante.  Y a veces tengo las mismas tentaciones de Garzón, y pienso en huir a La Haya, o a Roma, o a Vladivostok, pero después me doy cuenta de que no se puede huir de una misma, y que en Holanda la extrema derecha se desboca, en Italia la corrupción es la pasta nuestra de cada día, y en Rusia los derechos humanos son frágiles como la poesía. Vaya donde vaya, la sensación de injusticia me perseguiría. Así que me quedo aquí, que al menos nos quedan las cañas.

Los recortes anunciados por Zapatero hace unos días han sido la puntilla para un país ávido de esperanza y seguridad. La han cagado a lo grande, en el qué y en el cómo. No se puede recortar el gasto social si te llamas Socialista, no se puede ir a por los más pobres si te llamas Obrero. No se puede ceder ante la amenaza de ese eufemismo llamado mercado, ese mercado que el día anterior a los recortes se embolsaba una pasta con las  subidas espectaculares de la bolsa. El mercado nos ha metido en esto, y ese mercado, que tiene nombres y apellidos, y muchas siglas, debe pagar para sacarnos.  Ni siquiera tuvieron la delicadeza de hacer un guiño popular, un gesto educado, como una subida mínima a las SICAV, una tasa a la banca, algo. No. Fueron tan implacables e insensibles como improvisados.

Los amigos latinoamericanos se ríen, con razón, de que ahora nosotros estemos recibiendo con la boca abierta la medicina que tanto daño les hizo a ellos: el ajuste estructural. Este ha sido el primer recorte, pero como les pasó a ellos, habrá más. Y todo indica que pagaremos los mismos.

En fin, que algo se desmorona y queda poco a donde agarrarse. Los sindicatos calientan pero no queman, lo poco que queda izquierda parece estar durmiendo el sueño de los justos, el tabaco lo quiero dejar. Sólo nos quedamos nosotros mismos, los que creemos que hay otras soluciones: que se puede prescindir de los coches oficiales, dejar de comprar misiles y probarlos en Sudáfrica, eliminar las exenciones a las loterías, o crear un nuevo impuesto a la banca y a las transacciones financieras.

En algo sí somos iguales ellos y yo, unos infieles a sus principios y otras a nuestro PC.

Toma Moreno

Leo en la portada de elpais.com: “El Fiscal acusa a Matas de recibir sobornos de José Luis Moreno”. Si Doña Rogelia levantara la cabeza…

En fin. Día a día surgen nuevos casos de corrupción rampante, del Malaya al Gürtel, de Santa Coloma al Palma Arena. La lista es interminable, y hay muchos más, sólo tienes que hablar con un funcionario de casi cualquier Diputación provincial.

Por eso me molestan tanto los ataques gratuitos a la ayuda al desarrollo, que arrecian en estos tiempos de crisis. Argumentos del tipo “es que en África son todos unos corruptos”, o “las ONG sólo sirven para recibir subvenciones y viajar gratis” los  he visto repetidos en diferentes versiones en los comentarios en medios digitales a artículos sobre el tema.

Mi recomendación es clásica y bíblica, y tiene que ver con una viga y una paja. Y con saber de lo que se habla.

Pedazo mujeres

(c) oxfam

Arriba, el G8: No necesitan presentación. Ya sabéis quienes son y lo que hacen, o lo que no.

Abajo, las W8: ocho pedazo de mujeres. Éstas sí necesitan presentación.

Miranda Akhvlediani trabaja para garantizar el acceso a la salud en Georgia; Rokeya Kabir lucha por el derecho a la educación en Bangladesh; Kadi Baby Maiga preside en Mali la coalición “Education for All”; Leonor Magtolis Briones está ayudando a elaborar un presupuesto más social para el gobierno en Filipinas; Elba Rivera trabaja para la campaña nicaragüense de educación; Dorothy Ngoma impulsa en Malawi la lucha contra enfermedades como la tuberculosis, la malaria, el SIDA, o el cólera. Sandhya Venkateswaran trabaja en la India para vigilar el cumplimiento de los compromisos gubernamentales de reducción de la pobreza. Y Jiraporn intenta que las personas pobres en Sri-Lanka tengan acceso a los medicamentos.

Y estos últimos días yo he tenido la suerte de compartir con ellas mucho tiempo, y me hubiera gustado compartir más. Porque he visto la valentía, la energía, el optimismo, la generosidad y la fuerza hechas mujer. No lo han tenido nada fácil, y no les ha importado. Elba era prácticamente analfabeta hasta los 16 años, y ahora tiene hasta un máster en una universidad alemana. Y después se volvió a Nicaragua, a ofrecerle en su pueblo las mismas oportunidades a otros chicos y chicas. Kadi me decía que las cosas que valen la pena son las difíciles, las que incomodan, las que remueven. Leonor, con sus 69 años, me ha sorprendido por una dulzura acompañada de sólidos argumentos económicos para defender la inversión en sanidad y salud. Sobre todo en las mujeres. Porque en el mundo, hay 72 millones de niños que no van a la escuela, y la mayor parte de ellos son niñas. Y porque -a diferencia de lo que sucede en sus países con los hombres- las mujeres que reciben educación tienen un efecto multiplicador, ya que transmiten esos conocimientos a sus hijas e hijos, a sus familias, a su comunidad.

En las tres semanas que llevan de gira por el mundo han estado con la princesa Massima de Holanda, con el comisario europeo de Desarrollo, con ministros, con diputados y diputadas españolas… Y en todos los lugares han repetido lo mismo: salud y educación. La pobreza se cura con salud y educación, públicas y gratuitas.  Les necesitamos. No nos fallen ahora, o en nuestros países habrá otra generación perdida.

Espero que sus interlocutores las hayan escuchado. Yo por mi parte seguiré luchando porque el gobierno español respete sus compromisos. Es sencillo: salud y educación. Pero que os lo cuenten ellas:

El día de la marmota

En La Granja hacía mucho frío esta mañana. Los Ministros de Desarrollo de la UE se reunían calentitos en el Parador. Mientras, nuestros superhéroes, congelados, les pedían ayuda para luchar contra la pobreza y el hambre que afectan a millones de personas.  Para ello, entre otras cosas, tienen que avanzar hacia el cumplimiento del famoso 0,7 ¿os suena?

A mi me suena demasiado. Fue en Septiembre de 1969 cuando una comisión internacional dirigida por el primer ministro canadiense y Nobel de la Paz, Lester B. Pearson emitía el informe “Partners in Development”. En él se recomendaba incrementar la ayuda a los países en desarrollo hasta un mínimo del 0,7% del Producto Nacional Bruto de los países desarrollados.

Hoy, 40 años y 5 meses después, la OCDE publica las predicciones de cifras para la ayuda al desarrollo en 2010. Sólo 5 países han alcanzado ese 0,7:  Suecia, Luxemburgo, Dinamarca, Holanda y Bélgica.  Portugal con un 0,34, Grecia con un 0,21 e Italia con un vergonzoso 0,19 son los últimos de la cola.  España, como el jueves: en medio, con un 0,51.

Y no me vengan con que no hay dinero. Para rescatar a los bancos se han puesto sobre la mesa cantidades bochornosas, más de 18 billones de dólares, que se sepa.

Y no me toquen más las narices con que la ayuda no funciona. Tenemos mil ejemplos de que sí. Y el que más me gusta: en 1997 el gobierno de Uganda decidió hacer gratuita la educación primaria. No se sorprendan, en muchos países del Sur los padres deben pagar por enviar a sus hijos a la escuela pública, porque bien el gobierno no tiene dinero, bien el Fondo Monetario Internacional no les permite gastárselo en medidas sociales. En fin. Que el gobierno de Uganda fue valiente y se lanzó a eliminar esas tasas.  Resultado: en sólo un año, el número de niños y niñas escolarizados aumentó de 3,1 a 5,3 millones. Y con la ayuda al desarrollo se han podido crear más colegios y formar a más profesores.

No se necesitan superpoderes. Se necesita voluntad política y liderazgo para dejar atrás este día de la marmota que comenzó hace ya demasiado tiempo.