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Había una vez…un circo

 

Nuestras Ilustres Señorías han modificado la Ley Electoral, no –por mucho que se desgañite Rosa Díez– para cambiar el curioso sistema que hace que el PNV tenga el triple de diputados que IU con la tercera parte de los votos, sino para añadir una serie de supuestas restricciones para mejorar el “juego limpio”. Tendremos tiempo para entrar en detalle; hoy hablaré sólo de una de ellas:  la prohibición de inaugurar obras o servicios públicos durante el periodo electoral, es decir, desde el momento en que se convoquen las elecciones.

Esto está bien, me dirán. En principio, les diré. Porque si seguimos leyendo, la ley electoral dice “sin perjuicio de que dichas obras o servicios puedan entrar en funcionamiento en dicho periodo”. Oooooooooooooh. Mucho me temo -y ojalá me equivoque- que esto no significa menos inauguraciones, sino…el doble. ¿Cómo? Pues así:

Ejemplo número 1: inauguramos el aeropuerto sin aviones, y en un mes cuando “entre en funcionamiento” nos vamos allí y damos otro discursito.

Ejemplo número 2: inauguramos la piscina sin agua, y en unas semanas la re-inauguramos, perdón, la “ponemos en funcionamiento”.

Así que estas últimas semanas han sido un no vivir para nuestros candidatos y candidatas. En mi tierra, Pontevedra, intentaron conseguir un récord Guiness: el presidente de la Diputación, Rafael Louzán, realizó 30 actos y 15 inauguraciones en DOS días, demostrando que las diputaciones y sus presidentes sí sirven para algo. La Comunidad Valenciana no se quedó atrás: 170 actos en 15 días.  Más de lo mismo en Castilla y León, y donde quiera que miren.

Y no, no se equivoquen, esta entrada no tiene color político. Aquí aplico la frase que se corea en muchas manifestaciones en Galicia: “PSOE, PP, a misma merda é”. La traducción se la dejo a ustedes.

Y prepárense. Esto es sólo el principio.

 

httpv://www.youtube.com/watch?v=09ytcwhvgFQ

 

La seguridad no existe

Un pasajero es sometido al escáner corporal en el aeropuerto holandés de Schiphol. Foto: AFP / ED VAN OUDENAARDEN

Hay algunas cosas que me encienden particularmente. El tema de la seguridad en los aeropuertos es una de ellas.  Estoy de acuerdo con una serie de medidas razonables (el arco detector de metales, el escaneo de las maletas) pero desde el 11S hemos ido sin duda demasiado lejos, implantando medidas de más que dudosa eficacia y que afectan cada vez más a los derechos de las personas a su intimidad.

Todo empezó en 2002 con el Reglamento con anexo SECRETO (!!)  de la UE que las establecía las medidas. De repente te tocaba meter el champú en botecitos, te quitaban tu botella de agua (que te revendían por 2 Euros más al pasar el control), te obligaban a descalzarte sin saber muy bien por qué.  Muchas personas sufrimos los discriminados cacheos o las órdenes de descalzarnos porque sí. (Anecdotilla: todavía recuerdo el día en el que me encontré con Paula Vázquez pasando delante de mi por el arco de seguridad subida en unas impresionantes botas de tacón. Por supuesto, el arco empezó a pitar, y el guardia de seguridad le pidió que se quitase las botas. Ella le pidió que por favor no le hiciese descalzarse allí delante…y el guardia, babeando, le dijo “No se preocupe, pase, pase”. Por supuesto, y a pesar de no pitar, yo tuve que quitarme los zapatos.)

Como siempre, fueron pocos los valientes se atrevieron a denunciar la situación, entre ellos el entonces eurodiputado Ignasi Guardans, tras un penoso “incidente” en el Prat, y blogs como el de David Raya o el curioso nosinzapatos.com. Final y afortunadamente, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo obligó a la Comisión Europea a rectificar y rehacer el Reglamento.

Y ahora llegan con los escáneres corporales. Primero nos cachean, después nos descalzan, ahora nos desnudan. ¿Qué será lo siguiente? Interceptar tus llamadas de teléfono en los días previos a volar? Hagan lo que hagan, no evitarán los atentados. La seguridad total no existe, y la supuesta seguridad que nos venden tiene un precio demasiado alto: restringir los derechos y las libertades que nos ha costado siglos conseguir.

La última noticia es escandalosa: la policía eslovaca escondió nueve paquetes con explosivos reales en las maletas de ocho pasajeros que se disponían a volar a Dublín, para probar sus medidas de seguridad. Descubrieron 8, pero un pasajero se llevó -sin saberlo- el paquete con explosivos hasta su casa en Irlanda. Es más, al ser informados por la policía eslovaca, la policía irlandesa procedió a detener al inocente pasajero. Vergonzoso.

Ah! Y todo ello mientras en el control de seguridad lo único que necesitas es mostrar tu tarjeta de embarque, sin comprobar tu identidad. Sí, esa tarjeta de embarque de la que puedes imprimir 49 copias en tu ordenador, para hacer entrar en la zona de embarque a 49 personas con 1.000 ml. de líquidos explosivos cada una en botellitas de 100 ml. Eso sí, tras descalzarlas, cachearlas, y escanearlas. Todo muy seguro. En fin.