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17O

 

Cientos de miles de personas en todo el mundo salimos a la calle el pasado sábado para pedir un #cambioglobal, una democracia más participativa, más cercana a la ciudadanía y menos controlada por Los Mercados. Caminando por la calle Alcalá sentí de nuevo la sensación de las semanas posteriores al 15M. “Estábamos dormidos. Despertamos”: Es una de mis frases favoritas surgidas de este movimiento, y creo que refleja muy bien lo que muchas personas sentimos en un principio. Resulta que había más gente a la que este sistema no le gustaba. Resulta que éramos muchos los que creíamos que se puede construir un mundo mejor, los que sentimos que la sociedad al fin se había despertado, cansada de pasar cuatro años en el banquillo entre unas elecciones y las siguientes.

En mi opinión, el 15M y lo que le siguió ha cambiado muchas cosas, sobre todo a nivel de símbolos. Nos importa lo que está pasando. No nos gusta. Sabemos lo que hacéis. Pero tras las primeras semanas de euforia colectiva, y largas reuniones de grupos y asambleas,  reconozco que me asaltaron algunas preguntas para las que no tenía respuesta: ¿Y ahora qué? ¿Cómo convertimos esa voluntad de cambio, esa rabia, esa sensación de empoderamiento, en cambios reales y soluciones a los problemas económicos y sociales?

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Yo no te pido la luna

foto: hannah schildt

Mucho se ha hablado estos días del llamado movimiento #15m. Mientras siguen acampados esta semana, creo que es importante animarles a definir objetivos claros y razonables, y las estrategias para conseguirlos. Somos muchas y muchos los que estamos deseosos de pasar a la acción, ahora que ya se ha debatido mucho. Entre las propuestas que se han generado estos días hay peticiones razonables, que sólo necesitan suficiente voluntad política por parte de los grupos parlamentarios. A generar esa voluntad política es a donde yo creo que deben dirigirse los esfuerzos y la energía, para pasar de las palabras a los hechos, llevando en paralelo, por qué no, el sano espacio de debate a los barrios.
Estas son las propuestas que, a mi modesto entender,  son más viables a corto plazo si sabemos impulsarlas. En primer lugar, la propuesta base: la reforma de la Ley electoral, para que todos los votos de todos los ciudadanos, vivan donde vivan, valgan lo mismo. Lo que servía para 1977 no vale para 2011. Necesitamos un sistema que, como ocurre en otros países, acerque a los ciudadanos a sus representantes. José Bono lo ha expresado muy bien “debería ser más eficaz llevarse bien con quien vota las candidaturas que con quien las confecciona”. Ya hay muchas propuestas encima de la mesa, desde las listas abiertas a la limitación de mandatos, pasando por la financiación de las campañas. Sólo hay que abrir los ojos y los oídos, montar una buena comisión de trabajo con grupos políticos y participación de la sociedad civil y mejorar una ley obsoleta.

La regeneración política debe empezar por algo tan sencillo como aprobar una ley de acceso a la información pública. Tenemos el dudoso honor de ser uno de los cuatro países de la UE que no cuentan con este tipo de ley, y el borrador que el gobierno tiene guardado en un cajón es malo. Excusas como que el calendario legislativo está muy lleno no valen: cambien sus prioridades y pongan la transparencia lo primero. Y beban de otras leyes europeas e iberoamericanas: no hay que inventar la rueda. La ciudadanía tiene derecho a saber en qué se gasta su dinero, con qué lobbies (ONGs incluidas) se reúnen los políticos o los jueces, o cuántos coches oficiales, cuáles y a quién se han comprado este año.

Pero los debres no son sólo para el gobierno. El sector privado tiene un rol importantísimo en la creación de empleo y desarrollo de una sociedad más justa. Den la cara. Las grandes empresas pueden y deben hacer público el informe de los impuestos que pagan en todos los países en los que operan, así como las retribuciones de sus directivos. Los bancos deben cumplir su parte del contrato social: faciliten créditos a autónomos y PYMES, comprométanse firme y públicamente a abandonar la inversión en paraísos fiscales. Abrirse a la ciudadanía no puede traerles más que beneficios.

No es poco, pero tampoco es para tanto. Si se quiere, se puede. Muchas personas están dispuestas a poner propuestas encima de la mesa, la cuestión es si las fuerzas políticas están dispuestas a sentarse con ellas y remangarse para construir juntas una sociedad mejor. Si no es así, que lo digan bien clarito, para que sepamos a qué atenernos y dónde acampar.

 

 

Tengo una debilidad…

…tú lo sabes muy bien, él es Barack Obamaaaaaa. (NOTA: léase con la musiquilla correspondiente)

Así es, señores y señoras. No, no ha cerrado Guantánamo todavía. No, no es tan progre como prometía. Sí, ha hecho importantes concesiones a los republicanos. Pero a pesar de todo, me gusta. No, más aún, me encanta.

Acaba de terminar el discurso sobre el estado de la unión 2011, el discurso anual más importante del presidente de los EEUU. Lo he visto en el bar del hotel, con una cerveza y rodeada de americanos y americanas -un poco particulares porque están en una reunión estratégica sobre cambio climático -un fenómeno que mucha gente en este país pone en duda. Pero en fin, ahí estaba con mi cerveza, mis americanos, sintiéndome un poco personaje del Ala Oeste de la Casa Blanca -serie a la que estoy enganchadísima.

Y durante una hora he podido disfrutar de un político inspirador, como lo fue durante la campaña, y como no los tenemos en Europa. Escuchando algunas de sus frases lo que apetecía era cerrar los ojos y disfrutar, como cuando te comes un bombón belga. Sí, sí, sí, ha hecho concesiones a la agenda republicana, sin duda: congelación del gasto público durante los próximos 5 años, recortes, reducción de impuestos a las empresas… Obvio que tiene un Congreso republicano y le toca trabajar con él. Y lo reconoce: o trabajamos juntos, o no se podrá hacer nada.

Pero con un par, o dos, también ha dicho que no está dispuesto a volver a los días en que las compañías de seguros podían negar la cobertura alegando una enfermedad pre-existente. Esto que suena muy técnico lo explica muy bien Michael Moore en Sicko. Y habla largo y tendido sobre la importancia de la educación, la necesidad de invertir en ella y el necesario reconocimiento que debe hacer un país a los profesores. Y menciona sin miedo el cambio climático y la necesidad de “dejar de financiar la energía del pasado e invertir en la del futuro”, apostando por las energías limpias y renovables y retirando los subsidios a las compañías petrolíferas. Y menciona por primera vez en la historia de este discurso sobre el estado de la Unión la palabra “gay”, para recordar que ya nadie tendrá que dejar de servir al país que ama por razón de la persona que ama. Y habla de transparencia, y de garantizar que la ciudadanía tiene acceso a todos los datos relacionados con el gasto público. Y ha dicho bien claro que los EEUU apoyan al pueblo de Túnez y las aspiraciones democráticas de cualquier pueblo, como Sur Sudán. Y…en fin, podéis leerlo entero aquí.

Pero más allá de las medidas concretas es la inspiración que transmite lo que me tiene loca. Habla de valores como la perseverancia y la humildad, habla de principios, habla de los casos de personas de carne y hueso, habla del poder de los sueños, de las aspiraciones, de los ideales. Y eso nosotros no lo tenemos. No es nuestra cultura, vale, pero ¿y qué? Cambiemos nuestra cultura.

Y mientras lo hacemos, que lleva su tiempo,  cambiemos otras cosas. Por ejemplo, transformando nuestro debate sobre el Estado de la Nación -un muermo de infinitas horas que a nadie le importa, donde nuestros políticos se entretienen lanzándose pullitas- de forma que la ciudadanía pueda verlo, pueda interesarse. Hagamos de ese momento un examen público anual del presidente de turno. Retrasémoslo a una hora que la gente esté en sus casas. Televisémoslo en directo: es mucho más importante que el discursito navideño de Su Majestad.  Y obliguemos a nuestro Presidente, sea quien sea, y año tras año, a dar la cara, a contarnos qué va a hacer con nuestro dinero y la soberanía que le hemos prestado. Que responda.

Me voy a la cama, que me estoy poniendo romántica.

Quiero ser yanqui

Abro mi correo, y encuentro un mail de Zapatero. En él culpa al sistema financiero de causar 8 millones de parados. En él acusa a la Bolsa y a los grandes bancos de seguir forrándose mientras millones de familias de clase media, que no han hecho nada malo, luchan por llegar a fin de mes.  Y me pide que le apoye para regular el mercado financiero de forma que contribuya positivamente a la economía de las familias; para mejorar la protección de los consumidores, obligar a los grandes bancos a responder de sus abusos, y prevenir que los lobistas de bancos y grandes compañías debiliten esta reforma.

Impensable, ¿no? Totalmente. Pues eso es lo que ha hecho Barack Obama. Cuando leí el mensaje que me reenvió mi amiga Emilia no me lo podía creer. Acaba de salir victorioso -sí, parcialmente- de la hasta hace nada impensable reforma del sistema de salud, consiguiendo superar las numerosas zancadillas de los lobbies de las aseguradoras, y ya está metido en la siguiente: luchar cara a cara contra grandes bancos y empresas financieras. Como en España, vamos…

¿Han oído ustedes alguna sugerencia de nuestro gobierno para obligar a los bancos a conceder créditos al los consumidores o a las PYMES? ¿A proteger a los consumidores frente a las empresas usureras que anuncian en la tele  “dinero fácil” un tipo de interés de un 25%? ¿A reducir la especulación en la Bolsa? Yo no, y lo peor es que a estas alturas ya ni lo espero.

Hace unos años hubiera jurado que jamás lo diría, pero quiero ser yanqui.

Por cierto:

– la página de Obama

– la página de Zapatero (creo)

Pedazo mujeres

(c) oxfam

Arriba, el G8: No necesitan presentación. Ya sabéis quienes son y lo que hacen, o lo que no.

Abajo, las W8: ocho pedazo de mujeres. Éstas sí necesitan presentación.

Miranda Akhvlediani trabaja para garantizar el acceso a la salud en Georgia; Rokeya Kabir lucha por el derecho a la educación en Bangladesh; Kadi Baby Maiga preside en Mali la coalición “Education for All”; Leonor Magtolis Briones está ayudando a elaborar un presupuesto más social para el gobierno en Filipinas; Elba Rivera trabaja para la campaña nicaragüense de educación; Dorothy Ngoma impulsa en Malawi la lucha contra enfermedades como la tuberculosis, la malaria, el SIDA, o el cólera. Sandhya Venkateswaran trabaja en la India para vigilar el cumplimiento de los compromisos gubernamentales de reducción de la pobreza. Y Jiraporn intenta que las personas pobres en Sri-Lanka tengan acceso a los medicamentos.

Y estos últimos días yo he tenido la suerte de compartir con ellas mucho tiempo, y me hubiera gustado compartir más. Porque he visto la valentía, la energía, el optimismo, la generosidad y la fuerza hechas mujer. No lo han tenido nada fácil, y no les ha importado. Elba era prácticamente analfabeta hasta los 16 años, y ahora tiene hasta un máster en una universidad alemana. Y después se volvió a Nicaragua, a ofrecerle en su pueblo las mismas oportunidades a otros chicos y chicas. Kadi me decía que las cosas que valen la pena son las difíciles, las que incomodan, las que remueven. Leonor, con sus 69 años, me ha sorprendido por una dulzura acompañada de sólidos argumentos económicos para defender la inversión en sanidad y salud. Sobre todo en las mujeres. Porque en el mundo, hay 72 millones de niños que no van a la escuela, y la mayor parte de ellos son niñas. Y porque -a diferencia de lo que sucede en sus países con los hombres- las mujeres que reciben educación tienen un efecto multiplicador, ya que transmiten esos conocimientos a sus hijas e hijos, a sus familias, a su comunidad.

En las tres semanas que llevan de gira por el mundo han estado con la princesa Massima de Holanda, con el comisario europeo de Desarrollo, con ministros, con diputados y diputadas españolas… Y en todos los lugares han repetido lo mismo: salud y educación. La pobreza se cura con salud y educación, públicas y gratuitas.  Les necesitamos. No nos fallen ahora, o en nuestros países habrá otra generación perdida.

Espero que sus interlocutores las hayan escuchado. Yo por mi parte seguiré luchando porque el gobierno español respete sus compromisos. Es sencillo: salud y educación. Pero que os lo cuenten ellas: