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En eso estamos

 

Yo tendría unos 12 años, él 71. Yo estaba ávida de saber más de la vida, y él me regaló una sonrisa etrusca llena de experiencias. Leyéndolo sentí por primera vez ternura por alguien. Después vendrían viejas sirenas y amantes lesbianos, y hacía años  que no pensaba en él hasta que le ví hoy en el telediario, entrevistado, claro, por Carlos del Amor.

Aquí seguimos, yo con 34, él con 93, y resulta que nos parecemos más que nunca. Hoy, tras entregarle la Medalla del Orden de las Artes y las Letras Ha Hablado, así, con mayúscula.Como a mí, le indigna la indiferencia, y “en los dirigentes” -ojo al matiz, es muy relevante – no soporta “la ignorancia y la soberbia”. Dice que saldremos de esta crisis como de otras, pero que pagarán los de siempre. No tiene miedo a decir que el sistema está derrumbado, y que Europa es una ruina; que en esta sociedad de mercado todo se convierte en mercancía, hasta el hombre. Y que habrá más revueltas, más violencia, algo inevitable en un mundo en el que el 20% de la población despilfarra y destroza el 80 % de los bienes. Y no es palabra -sólo- de escritor, aquí el señor es un avezado economista.

Él solo quiere seguir creciendo y ser una persona decente . “En eso estamos”- dice. En eso estamos, digo.

Lo único que me da rabia es que haya sido la Ministra González-Sinde la que se lo ha entregado. Ella no le merece. No le merecemos.

Ya están aquí

El otro día, al hilo de la formación del nuevo gobierno holandés y el apoyo del ultraderechista y rubio teñido Wilders al mismo, hablábamos de la de la extrema derecha en Europa. Optimista de mi, defendía que en España este tipo de partidos xenófobos todavía no tienen cabida. Eso me pasa por hablar.

Al día siguiente mi amiga Encina me enviaba esta frustrante noticia: arropado por el lider ultraderechista catalán Anglada se presentaba en sociedad un nuevo partido antislámico que competirá en las elecciones al Ayuntamiento de Madrid. Su descerebrado líder es un tal Enrique de Diego que, no os lo perdais, ha escrito un libro con el título “Chueca no es Teherán”. Sí, yo también me pregunto qué contará, pero intuyo que los argumentos de este libro deben ser tan apasionantes como el título del sermón dominical que hace unos meses ví en la puerta de una iglesia evangélica en Mississippi: “Si el hombre desciende del mono, por qué todavía existen los monos?”.

Durante el acto se habló de “españoles bien nacidos” (??) y se escucharon perlas como éstas: “España es un país incomaptible con el Islam, somos cristianos viejos” (más ??). O, como no, “Nos va a tocar a los españoles expulsar a los musulmanes de nuestro país“.

Viendo lo que hay en Europa, creo que deberíamos  hacer algo. Cuando leí el artículo inmediatamente se me vino a la cabeza la Ley de Partidos Políticos aprobada en el año 2002. Asi que me fui a mirarla. Y esto es lo que dice n su artículo 9.2: Un partido político será declarado ilegal cuando su actividad vulnere los principios democráticos, particularmente cuando con la misma persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático, mediante alguna de las siguientes conductas, realizadas de forma reiterada y grave:

  1. Vulnerar sistemáticamente las libertades y derechos fundamentales, promoviendo, justificando o exculpando los atentados contra la vida o la integridad de las personas, o la exclusión o persecución de personas por razón de su ideología, religión o creencias, nacionalidad, raza, sexo u orientación sexual.”

Blanco y en una botella. Como ciudadana feliz de vivir en una democracia, agradecería que los señores fiscales tengan los oídos bien abiertos en los mitines de estos impresentables. Y hagan que se cumpla la ley. No tengan miedo de que les acusen de vulnerar la libertad de expresión, que lo harán. Seremos muchas personas las que les apoyaremos para frenar el ascenso del racismo y la xenofobia. Háganlo, porque después será demasiado tarde. Que se lo digan a Holanda.

Even when it´s hard

Estos días estoy en un curso en Oxford. Hablando de liderazgo hoy hemos visto esto, y me apetece compartirlo. Hay otra política, aunque en España nuestros políticos no se hayan enterado. Y sí, yo me creo a Obama.

Sé que es muy largo, pero ved al menos los primeros y los últimos 5 minutos, de verdad vale la pena.

Mis valientes

Las Cámaras están agitadas, hace tiempo que no veía tantas noticias en las que los protagonistas fuesen el Congreso y el Senado. Creo que es bueno que las discusiones de los que al fin y al cabo nos representan estén en el dominio público. Así puedo escribir posts como este.

Pues bien, nuestras Señorías han estado entretenidas estos días en un tema crucial para la situación de España: el uso del burka. El Senado aprobó el miércoles, con el apoyo de CiU, UPN y PP,  una moción que insta al Ejecutivo a “realizar las reformas legales y reglamentarias necesarias para prohibir el uso en espacios o acontecimientos públicos que no tengan una finalidad estrictamente religiosa de vestimentas o accesorios en el atuendo que  provoquen que el rostro quede completamente cubierto“. Tal cual. Ni más ni menos. Supongo que tendremos que considerar el carnaval como un acontecimiento público de finalidad estrictamente religiosa, o prepárense los cowboys con pañuelo, los médicos con mascarilla, los fantasmas y otros impresentables que osen cubrir su rsotro con accesorios.  En fin.

A lo que voy no es a eso. Es a que sobre este tema, que a mi entender no es urgente, y esta moción – que no soluciona ni de lejos el problema de la opresión de algunas mujeres musulmanas- los partidos se han posicionado. A favor o en contra.

Sólo un día antes el Congreso de los Diputados convalidaba el decreto sobre la polémica reforma laboral. Se supone que es un tema muy relevante para los ciudadanos, trabajadores en nuestra mayoría. Pero, ay, aquí si que no tenemos posición: el vergonzoso resultado es de 167 votos a favor, 8 en contra, y 173 abstenciones. Así que sobre los derechos de los trabajadores, ni PP, ni CiU, ni PNV, ni CC, ni UPN, ni UPyD tienen posición. Valientes.

Sí, sí, es el juego político. Pero permítanme que me parezca vergonzoso.

No me gusta que al partido te pongas la minifalda

No, no voy a hablar del 0-1. He vuelto zen de 10 días en Japón y me he propuesto mantenerlo. Desde que he llegado, las noticias que se ven son fútbol, fútbol, fútbol y no se qué de una huelga general. Las que no se ven os las cuento mañana.

Pero ahora hablabamos de fútbol. Y hablar de fútbol es hablar de cerveza.  Es como las palomitas y el cine, o el gin & tonic.

En Holanda como en España, durante una competición de fútbol las empresas de cerveza regalan materiales de propaganda -merchandising en coolñol- como camisetas, “aplaudidores” (!!), gorras, gorros y todo tipo de accesorios.

Pues bien, Bavaria, marca de cerveza más conocida en Holanda que fuera, regalaba unos fantásticos vestiditos naranjas al comprar sus cervezas. Y a 36 chicas se les ocurre ponérselas e ir al estadio de a animar a la selección naranja contra Dinamarca. ¿Por supuesto? acaban interrogadas por la policía:  la  FIFA las expulsó a mitad de partido acusándolas de publicidad encubierta porque la cerveza oficial es Budweiser (y sus marcas como Brahma). Pero eso no es todo: la FIFA manifestó que las mujeres fueron “utilizadas como un instrumento para una emboscada mercadotécnica”.  Claro, porque las mujeres somos imbéciles.   Y no digo nada de los fantásticos y machistas titulares de la prensa sobre la noticia: “Expulsan a 36 bellas holandesas…”, “Tarjeta roja a 36 atractivas chicas” y demás lindezas. No sé a cuantos atractivos hombres habrán echado de los partidos hasta ahora.

Ya lo sabíamos, pero esto nos da otra prueba de quién manda aquí: el mercado. Por encima de cualquier derecho, incluido el de ponerte lo que te dé la gana. O el de abrir tu negocio: los bares locales de los alrededores de los estadios están reservados en exclusiva para que sólo puedan venderse Coca-Cola,  McDonalds y pos supuesto, Budweiser.

Ah, por cierto, los vestidos NO llevaban de manera visible el nombre de la marca holandesa.  Y aunque la llevasen. En fin. Por si acaso, beberé albariño durante el próximo partido. De eso no creo que haya en Sudáfrica.