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Falacias

El PP detalla un recorte de 750 millones para descongelar las pensiones“. Esta ha sido mi noticia de la tarde. ¿Y de dónde salen estos 750 millones? Pues 200 de ellos de la ayuda al desarrollo, ya gravemente herida tras el recorte de más de 900 millones que le asestó el PSOE en el proyecto de Presupuestos 2011 que se discute estos días.

De nuevo, como cuando el gobierno presentó el primer recorte en mayo, nos presentan una falsa disyuntiva: o ayudamos a los de aquí o ayudamos a los de fuera. O pensiones o lucha contra el hambre. Pobres contra pobres. Pero nada más lejos de la realidad.

La ayuda al desarrollo, como el resto del gasto social, es una víctima más de los depredadores de la crisis. La ayuda al desarrollo no es la culpable de que se congelen las pensiones, ni de que se elimine la retroactividad de la ley de dependencia, de la misma forma que los inmigrantes no son culpables de los 4 millones de parados.

Pero la idea vende mucho, y evita abordar temas algo más sensibles, entre ellas la subida de impuestos a las rentas altas –vean el sueldo de la señora Cospedal y tantos otros-, los recortes de gasto militar (que supone 4 veces más que la ayuda al desarrollo) o el establecimiento de una tasa a la banca para que pague los platos rotos.

Soy la primera que creo que hay que buscar recursos para no tener que recortar las pensiones ni el resto del gasto social, pero no es necesario ni moralmente correcto  hacerlo a costa de la salud y la alimentación de las mujeres africanas o de las miles de personas que se enfrentan en Haití a una epidemia de cólera.

Y para muestra, un botón, en forma de algunos datos que hemos podido extraer de los indescifrables presupuestos 2011:

– Se destinan 18 millones de euros para la cría caballar que sirve para las exhibiciones del Ministerio de Defensa, en el mismo año en que España sólo ha comprometido 17 millones a la iniciativa del Secretario General de Naciones Unidas para la Salud de Madres y Niños;

– En 2011 compraremos un lote de 770 misiles IRIS-T por casi 50 millones de euros, lo mismo que costará el Parque Móvil Ministerial, frente a menos de 43 millones de ayuda española que llegaron el último año a Níger, Mali y Chad, los tres países más afectados por la crisis alimentaria del Sahel;

–  Se destinarán 135 millones para compensar a las concesionarias de autopistas de peaje por unos “sobrecostes” indeterminados en las expropiaciones más otros 220 millones a las mismas para obras alternativas y mejoras.

Así que no dejéis que os líen. Ayúdadnos a conseguir que no paguen los de siempre.

Infieles

Mi silencio de estas últimas semanas se debe a dos cosas: una, mi ordenador ha muerto, y me cuesta mucho ser infiel. Y dos, necesitaba digerir todo lo que está pasando, porque han sido semanas pésimas para las personas que creemos en la justicia, incluida la social. Pero aquí estoy de nuevo.

Siento como si algo se estuviese desmoronando, algo importante.  Y a veces tengo las mismas tentaciones de Garzón, y pienso en huir a La Haya, o a Roma, o a Vladivostok, pero después me doy cuenta de que no se puede huir de una misma, y que en Holanda la extrema derecha se desboca, en Italia la corrupción es la pasta nuestra de cada día, y en Rusia los derechos humanos son frágiles como la poesía. Vaya donde vaya, la sensación de injusticia me perseguiría. Así que me quedo aquí, que al menos nos quedan las cañas.

Los recortes anunciados por Zapatero hace unos días han sido la puntilla para un país ávido de esperanza y seguridad. La han cagado a lo grande, en el qué y en el cómo. No se puede recortar el gasto social si te llamas Socialista, no se puede ir a por los más pobres si te llamas Obrero. No se puede ceder ante la amenaza de ese eufemismo llamado mercado, ese mercado que el día anterior a los recortes se embolsaba una pasta con las  subidas espectaculares de la bolsa. El mercado nos ha metido en esto, y ese mercado, que tiene nombres y apellidos, y muchas siglas, debe pagar para sacarnos.  Ni siquiera tuvieron la delicadeza de hacer un guiño popular, un gesto educado, como una subida mínima a las SICAV, una tasa a la banca, algo. No. Fueron tan implacables e insensibles como improvisados.

Los amigos latinoamericanos se ríen, con razón, de que ahora nosotros estemos recibiendo con la boca abierta la medicina que tanto daño les hizo a ellos: el ajuste estructural. Este ha sido el primer recorte, pero como les pasó a ellos, habrá más. Y todo indica que pagaremos los mismos.

En fin, que algo se desmorona y queda poco a donde agarrarse. Los sindicatos calientan pero no queman, lo poco que queda izquierda parece estar durmiendo el sueño de los justos, el tabaco lo quiero dejar. Sólo nos quedamos nosotros mismos, los que creemos que hay otras soluciones: que se puede prescindir de los coches oficiales, dejar de comprar misiles y probarlos en Sudáfrica, eliminar las exenciones a las loterías, o crear un nuevo impuesto a la banca y a las transacciones financieras.

En algo sí somos iguales ellos y yo, unos infieles a sus principios y otras a nuestro PC.

Robin Hood en Madrid

Hace unas semanas compartía con vosotros el regreso de Robin Hood a nuestras vidas. Pues tras su paso por Londres y Bruselas, hoy por fin ha venido a España. El motivo: pedirle a los Ministros de Economía y Finanzas de la UE, reunidos en Madrid, la aprobación de un impuesto sobre transacciones financieras, que además de castigar la especulación serviría para recaudar miles de millones de euros para luchar contra la pobreza.

En estos últimos meses hemos oído muchos argumentos a favor y en contra: economistas como Jeffrey Sachs o Stiglitz han defendido la necesidad de este impuesto; los ministerios de economía de muchos países y los lobbies bancarios hablan de una excesiva complejidad técnica para su puesta en práctica, y prefieren la idea de Obama: una pequeña tasa a la banca para crear un fondo de garantía que sirva para volver a rescatar a la banca si ocurre otra crisis financiera.

Yo creo que, como casi todo, es una cuestión de voluntad política. Su puesta en práctica puede ser difícil, pero en peores nos hemos visto. Y para movilizar esa voluntad política  y pedir una tasa sobre transacciones financieras para luchar contra la pobreza se están multiplicando las campañas: en Italia ; en Alemania; en Australia, y pronto en Francia y esperemos que también en España.

Por el momento, os dejo con este nuevo vídeo de la campaña británica protagonizado por el fantástico Ben Kingsley:

La retórica del hambre

Hoy en día somos 6.000 millones de personitas en el mundo, y más de 1.000 de ellas pasan hambre. No el hambre que me entra a mi a las doce y media, sino Hambre de verdad: una ingesta de alimentos insuficiente para satisfacer sus necesidades de energía de forma continuada. El hambre que provoca desnutrición, enfermedades, incapacidad; el hambre que perpetúa la pobreza y el subdesarrollo. Más de 1000 millones de personas e, ironía, la mayoría son agricultores y agricultoras, o eso intentan.

Porque el problema no es que no haya alimentos, el problema suele ser que la gente no puede permitírselos.

¿Por qué esta situación? Gran pregunta. Algunos datos para que podáis montaros vuestra propia respuesta:

– Si en los años 80 la ayuda internacional a la agricultura de los países en desarrollo rondaba los 20.000 millones de dólares (un 18% de la ayuda al desarrollo), en el año 2008 había caído hasta los 4500 millones, un 3,6% de la ayuda al desarrollo (!).

– En ese mismo año 2008, los países ricos de la OCDE invirtieron 376.000 millones de dólares para apoyar su propia agricultura. 83 veces más. (!!)

– En Guatemala -donde uno de cada dos niños sufre desnutrición crónica (!!!)- el 2% de los productores acaparan el 57% de la tierra cultivable.

– Los acuerdos comerciales que EEUU y ahora Europa promueven con los países en desarrollo promueven la desaparición de los aranceles para poder inundar a esos países con nuestros productos agrícolas simpáticamente subvencionados. Para más inri, recientemente la señora Espinosa, compatriota gallega y flamante ministra de agricultura,  propuso tras el reciente terremoto enviar a Haití los excedentes de producción agrícola europea. Antes del terremoto, el 90% de la población rural de Haití vivía con menos de dos dólares al día, y dependía de la agricultura de subsistencia para sobrevivir. Y en lugar de ayudarles a mejorar su productividad y desarrollar su campo, les damos nuestras sobras.

Según calculan los sabios de la FAO, en el año 2050 las personitas seremos 9.000 millones (!!!!) y para poder alimentarnos es necesario que la producción actual de alimentos crezca en un 70% (!!!!!). Para ello, y simplificando, hay dos maneras: bien permitimos a nuestras multinacionales que adquieran grandes extensiones de terreno en países del Sur, desplazando a los campesinos y quitándoles sus medios de vida, bien apoyamos en serio el desarrollo rural y la productividad de los países del Sur y acabamos con su hambre y la nuestra. Tú eliges.

NOTA:Hay muchos datos más, y muchas más ideas para acabar con el hambre. Podeis encontrarlas, entre otros, en el comprensible y riguroso informe escrito por mi compañera Arantxa de Intermón Oxfam: La cooperación española en la lucha contra el hambre. Un análisis de la ayuda hacia la agricultura, el desarrollo rural y la seguridad alimentaria” en el que se basa gran parte de este post.

Vuelve Robin

Se lo quitaba a los ricos para dárselo a los pobres. La versión rural y directa de la política fiscal redistributiva.

Pues Robin vuelve. Unos compañeros británicos lo han resucitado en el momento justo. El rescate bancario tras la crisis financiera se llevó miles de millones del erario público. Ahora que están rescatados, toca que ellos devuelvan -al menos parcialmente- el favor.

La idea es sencilla: un pequeñísimo impuesto (0,05%) sobre las transacciones financieras especulativas. El resultado: hasta 400.000 millones de dólares para luchar contra la pobreza -dentro y fuera de Europa- y la adaptación al cambio climático. Simple y brillante. Y posible, de verdad.

Vosotros mismos: