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La retórica del hambre

Hoy en día somos 6.000 millones de personitas en el mundo, y más de 1.000 de ellas pasan hambre. No el hambre que me entra a mi a las doce y media, sino Hambre de verdad: una ingesta de alimentos insuficiente para satisfacer sus necesidades de energía de forma continuada. El hambre que provoca desnutrición, enfermedades, incapacidad; el hambre que perpetúa la pobreza y el subdesarrollo. Más de 1000 millones de personas e, ironía, la mayoría son agricultores y agricultoras, o eso intentan.

Porque el problema no es que no haya alimentos, el problema suele ser que la gente no puede permitírselos.

¿Por qué esta situación? Gran pregunta. Algunos datos para que podáis montaros vuestra propia respuesta:

– Si en los años 80 la ayuda internacional a la agricultura de los países en desarrollo rondaba los 20.000 millones de dólares (un 18% de la ayuda al desarrollo), en el año 2008 había caído hasta los 4500 millones, un 3,6% de la ayuda al desarrollo (!).

– En ese mismo año 2008, los países ricos de la OCDE invirtieron 376.000 millones de dólares para apoyar su propia agricultura. 83 veces más. (!!)

– En Guatemala -donde uno de cada dos niños sufre desnutrición crónica (!!!)- el 2% de los productores acaparan el 57% de la tierra cultivable.

– Los acuerdos comerciales que EEUU y ahora Europa promueven con los países en desarrollo promueven la desaparición de los aranceles para poder inundar a esos países con nuestros productos agrícolas simpáticamente subvencionados. Para más inri, recientemente la señora Espinosa, compatriota gallega y flamante ministra de agricultura,  propuso tras el reciente terremoto enviar a Haití los excedentes de producción agrícola europea. Antes del terremoto, el 90% de la población rural de Haití vivía con menos de dos dólares al día, y dependía de la agricultura de subsistencia para sobrevivir. Y en lugar de ayudarles a mejorar su productividad y desarrollar su campo, les damos nuestras sobras.

Según calculan los sabios de la FAO, en el año 2050 las personitas seremos 9.000 millones (!!!!) y para poder alimentarnos es necesario que la producción actual de alimentos crezca en un 70% (!!!!!). Para ello, y simplificando, hay dos maneras: bien permitimos a nuestras multinacionales que adquieran grandes extensiones de terreno en países del Sur, desplazando a los campesinos y quitándoles sus medios de vida, bien apoyamos en serio el desarrollo rural y la productividad de los países del Sur y acabamos con su hambre y la nuestra. Tú eliges.

NOTA:Hay muchos datos más, y muchas más ideas para acabar con el hambre. Podeis encontrarlas, entre otros, en el comprensible y riguroso informe escrito por mi compañera Arantxa de Intermón Oxfam: La cooperación española en la lucha contra el hambre. Un análisis de la ayuda hacia la agricultura, el desarrollo rural y la seguridad alimentaria” en el que se basa gran parte de este post.

Siempre se repite la misma historia

Llevamos unos días sin tiempo para nada que no sea Haití. No hace falta que diga que la situación es una pesadilla hecha realidad. A pesar de que nos pusimos en marcha en cuanto conocimos la noticia, la respuesta está siendo una de las más difíciles a las que nos hemos tenido que enfrentar. Y eso que llevamos más de 30 años trabajando en Haití.

Perdimos tanto la oficina como el almacén de material de Oxfam en el terremoto. Han muerto dos personas de nuestro equipo, y el resto tiene sus casas destrozadas, o familiares y amigos que han muerto, con el impacto psicológico que ello tiene.  Y a pesar de ello, y de las enormes dificultades logísticas, siguen trabajando. Ayer comenzamos la distribución de agua, pero empieza a faltar el combustible para los camiones que deben transportarla, y la prioridad ahora es encontrarlo.

Podeis seguir minuto a minuto lo que vemos y hacemos: en Twitter o en http://haitiquake.posterous.com/

Lo único que nos consuela es pensar que éste puede ser el comienzo de un Nuevo Haití, un Haití con viviendas seguras, un Haití sin armas, un Haití sin pobreza, un Haití con un gobierno fuerte que da servicios a sus ciudadanos. Pero para ello tenemos que conseguir que la comunidad internacional, y los medios de comunicación, por una vez, no se olviden del país dentro de un mes.  Nosotros seguiremos trabajando porque así sea. Si algo somos en las ONG es perseverantes, incluso pesadas.

Cuando hablamos con nuestros compañeros desplazados en Haití, a todos nos cuesta reprimir las ganas de coger un avión e ir a echar una mano. Pero hay que apoyar desde aquí, y hay muchas formas de hacerlo:

Y no nos equivoquemos, no es sólo un desastre “natural”. Como casi siempre, los más pobres son los que más han sufrido, y los barrios ricos han salido casi indemnes. Siempre la misma historia.