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100% natural

 

Hoy mi hermano me lo ha puesto fácil. Abro el enlace que me envía y sonrío.

Ya está aquí. Ya llegó. Disponible para todos los públicos – que tengan mil euritos a mano- y lo mejor de todo: garantizado y 100% natural.  No, no es un nuevo zumo de frutas, es el nuevo depósito de Catalunya Caixa, y se anuncia así: “Aprovecha la tendencia alcista de las materias primas y tendrás la posiblidad de obtener una atractiva rentabilidad”.

Toma ya. Mi traducción libre: especula con azúcar, café y maíz y fórrate contribuyendo al aumento de los precios de los alimentos para más de 1.000 millones de personas pobres. Bueno, siempre podremos decirles “¡aliméntate de la mejor rentabilidad!“. En fin. Podría ser un videojuego, pero no. Desgraciadamente, como expliqué hace unos días, es real como la vida misma.

Para los que quieran invertir su dinero -algo muy legítimo- les recomiendo algunas formas más éticas de hacerlo, como Triodos o Fiare. No le darán tanta rentabilidad económica, pero le darán mucha más rentabilidad moral: garantizan que su dinero no se utiliza para hacer hijoputeces y enriquecer a cuatro capullos. Y eso no tiene precio.

 

Ya lo decía mi abuela

 

Ayer mi hermano me enviaba el fantástico post “Mi corta vida como especulador petrolífero en el blog En tiempos como estos. Si no lo habéis leido, hacedlo, vale la pena. Pero antes terminad de leer el mío, je, je.

El caso es que el post al que me refiero muestra esta imagen, tomada intuyo de una página en la que se puede invertir en los mercados de futuros de materias primas:

Así que para forrarnos podemos invertir en petróleo, oro, gas natural, plata y… ¡pardiez! ¿qué ven mis ojos? ¿maíz? Pues sí. Y trigo, y soja, y arroz.

Y eso que a mi me había dicho un pajarito que en el mundo hay más de 900 millones de personas que pasan hambre. Y un pajarraco me contaba ayer que la FAO acaba de anunciar que los precios de los alimentos han subido por octavo mes consecutivo y se sitúan en el nivel más alto desde enero de 1990.

Y a mí ¿qué?, me diréis. A ti mucho. Junto al maiz o el trigo subirán los huevos (porque algo comen las gallinas), el pan, la carne y la leche (de cereales, en el mejor de los casos, se alimentan nuestras amigas las vacas).

Pero no se vayan todavía, aun hay más. Nosotros, los que vivimos en países ricos, dedicamos a la alimentación entre un 15 y un 25% de nuestra renta. En los países pobres ese porcentaje se sitúa entre en 50 y el 70%. Y eso significa, como pudimos comprobar en 2007 y 2008, que una pequeña subida en los precio del trigo o del arroz hace que millones de familias en Mauritania, Pakistán o México coman menos, o coman peor, o no coman.

No esperemos a que salgan en el telediario las imágenes de los niños famélicos. Hay muchas cosas que puden y deben hacerse para evitar una nueva hambruna mundial. Y una de ellas es obvia: regular el mercado de futuros para limitar la especulación, evitando que desde cualquier página de inversión en Internet cualquiera pueda usar la alimentación de millones de personaspara ganar dinero fácil.

Ya lo decía mi abuela: con la comida no se juega.

Nota al pie: Si queréis saber más sobre la subida de los precios de los alimentos os recomiendo este post de mi amigo Gonzalo Fanjul, ahora flamante bloguero en elpais.com

 

 

 

La retórica del hambre

Hoy en día somos 6.000 millones de personitas en el mundo, y más de 1.000 de ellas pasan hambre. No el hambre que me entra a mi a las doce y media, sino Hambre de verdad: una ingesta de alimentos insuficiente para satisfacer sus necesidades de energía de forma continuada. El hambre que provoca desnutrición, enfermedades, incapacidad; el hambre que perpetúa la pobreza y el subdesarrollo. Más de 1000 millones de personas e, ironía, la mayoría son agricultores y agricultoras, o eso intentan.

Porque el problema no es que no haya alimentos, el problema suele ser que la gente no puede permitírselos.

¿Por qué esta situación? Gran pregunta. Algunos datos para que podáis montaros vuestra propia respuesta:

– Si en los años 80 la ayuda internacional a la agricultura de los países en desarrollo rondaba los 20.000 millones de dólares (un 18% de la ayuda al desarrollo), en el año 2008 había caído hasta los 4500 millones, un 3,6% de la ayuda al desarrollo (!).

– En ese mismo año 2008, los países ricos de la OCDE invirtieron 376.000 millones de dólares para apoyar su propia agricultura. 83 veces más. (!!)

– En Guatemala -donde uno de cada dos niños sufre desnutrición crónica (!!!)- el 2% de los productores acaparan el 57% de la tierra cultivable.

– Los acuerdos comerciales que EEUU y ahora Europa promueven con los países en desarrollo promueven la desaparición de los aranceles para poder inundar a esos países con nuestros productos agrícolas simpáticamente subvencionados. Para más inri, recientemente la señora Espinosa, compatriota gallega y flamante ministra de agricultura,  propuso tras el reciente terremoto enviar a Haití los excedentes de producción agrícola europea. Antes del terremoto, el 90% de la población rural de Haití vivía con menos de dos dólares al día, y dependía de la agricultura de subsistencia para sobrevivir. Y en lugar de ayudarles a mejorar su productividad y desarrollar su campo, les damos nuestras sobras.

Según calculan los sabios de la FAO, en el año 2050 las personitas seremos 9.000 millones (!!!!) y para poder alimentarnos es necesario que la producción actual de alimentos crezca en un 70% (!!!!!). Para ello, y simplificando, hay dos maneras: bien permitimos a nuestras multinacionales que adquieran grandes extensiones de terreno en países del Sur, desplazando a los campesinos y quitándoles sus medios de vida, bien apoyamos en serio el desarrollo rural y la productividad de los países del Sur y acabamos con su hambre y la nuestra. Tú eliges.

NOTA:Hay muchos datos más, y muchas más ideas para acabar con el hambre. Podeis encontrarlas, entre otros, en el comprensible y riguroso informe escrito por mi compañera Arantxa de Intermón Oxfam: La cooperación española en la lucha contra el hambre. Un análisis de la ayuda hacia la agricultura, el desarrollo rural y la seguridad alimentaria” en el que se basa gran parte de este post.