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A todo gas

Twitter es un hervidero de opiniones a favor y en contra de limitar la velocidad a 110 km/h. Ignacio Escolar escribe hoy en su blog no uno, sino dos posts defendiendo la medidaAnton Losada está de acuerdo y tuitea a favor. Fernando Alonso cree que la gente se dormirá al volante, y prefiere que un día circulen los coches con matrículas pares y otro las impares. Opina ZP, Cospedal, tododiós. ¿Y servidora? Bien, a servidora le importa un pepino. Galicia sigue estando a tomar por saco, vayas a 110, 120 ó 140.

Lo que me tiene realmente anonadada es el hecho de que todos estos hombres de bien, a los que sigo regularmente con fervor- estén dedicando sus fuerzas a debatir apasionadamente sobre la velocidad, mientras ignoran otra noticia relacionada también con el petróleo, y a mi entender mucho más relevante para nuestro país:  “La mayor empresa del mundo utiliza España como paraíso fiscal“. Parece ser que además de las SICAV,  España ofrece a los inversores interesados en no pagar impuestos las Entidades de Tenencia de Valores Extranjeros-ETVE. Exxon-Mobil ha utilizado esta figura para no pagar impuestos sobre sus 9.907 millones de beneficio en 2008 y 2009, y no es la única: según El País, otras multinacionales como Vodafone, Hewlett Packard, American Express, General Mills o Eli Lilly han utilizado las ETVE para canalizar sus participaciones en empresas extranjeras…y de paso ahorrarse unos eurillos, o unos eurazos.

Así que desde aquí le pido por favor a Ignacio Escolar que utilice esa influencia con la que ha conseguido del Instituto sobre la Diversificación de la Energía la cifra de cuánto nos ahorraremos con los 110 -1.400 millones- para conseguir de la Agencia Tributaria la cifra de los dineros que evaden o eluden las multinacionales de nuestro Fisco cada año. Yo lo haría, pero como en España no hay ley de acceso a la información pública, y yo no soy ni famosa ni periodista, no puedo.

Y a lo mejor resulta que es verdad lo que dicen algunos y es mucho dinero, tanto que podemos volver a jubilarnos a los 65, subir la ayuda al desarrollo, y volver a conducir a 120. Bueno, esto no, casi mejor construir de una vez el AVE a Galicia.

Se buscan proscritos

Hace unos meses, aquí mismo, me alegraba del regreso de Robin a nuestras vidas. Y hoy me alegro más.

Robin Hood cambia durante unos meses los bosques de Sherwood por las calles de España. Y ha empezado a lo grande, yéndose a buscar a la Ministra Salgado al Congreso para pedirle que no paguen los de siempre.

Por cierto, Robin busca proscritos para su banda. Lanza tu flecha y únete.

Y si queréis saber más sobre qué viene a hacer aquí, os recomiendo este artículo de mi compañera Susana.

Infieles

Mi silencio de estas últimas semanas se debe a dos cosas: una, mi ordenador ha muerto, y me cuesta mucho ser infiel. Y dos, necesitaba digerir todo lo que está pasando, porque han sido semanas pésimas para las personas que creemos en la justicia, incluida la social. Pero aquí estoy de nuevo.

Siento como si algo se estuviese desmoronando, algo importante.  Y a veces tengo las mismas tentaciones de Garzón, y pienso en huir a La Haya, o a Roma, o a Vladivostok, pero después me doy cuenta de que no se puede huir de una misma, y que en Holanda la extrema derecha se desboca, en Italia la corrupción es la pasta nuestra de cada día, y en Rusia los derechos humanos son frágiles como la poesía. Vaya donde vaya, la sensación de injusticia me perseguiría. Así que me quedo aquí, que al menos nos quedan las cañas.

Los recortes anunciados por Zapatero hace unos días han sido la puntilla para un país ávido de esperanza y seguridad. La han cagado a lo grande, en el qué y en el cómo. No se puede recortar el gasto social si te llamas Socialista, no se puede ir a por los más pobres si te llamas Obrero. No se puede ceder ante la amenaza de ese eufemismo llamado mercado, ese mercado que el día anterior a los recortes se embolsaba una pasta con las  subidas espectaculares de la bolsa. El mercado nos ha metido en esto, y ese mercado, que tiene nombres y apellidos, y muchas siglas, debe pagar para sacarnos.  Ni siquiera tuvieron la delicadeza de hacer un guiño popular, un gesto educado, como una subida mínima a las SICAV, una tasa a la banca, algo. No. Fueron tan implacables e insensibles como improvisados.

Los amigos latinoamericanos se ríen, con razón, de que ahora nosotros estemos recibiendo con la boca abierta la medicina que tanto daño les hizo a ellos: el ajuste estructural. Este ha sido el primer recorte, pero como les pasó a ellos, habrá más. Y todo indica que pagaremos los mismos.

En fin, que algo se desmorona y queda poco a donde agarrarse. Los sindicatos calientan pero no queman, lo poco que queda izquierda parece estar durmiendo el sueño de los justos, el tabaco lo quiero dejar. Sólo nos quedamos nosotros mismos, los que creemos que hay otras soluciones: que se puede prescindir de los coches oficiales, dejar de comprar misiles y probarlos en Sudáfrica, eliminar las exenciones a las loterías, o crear un nuevo impuesto a la banca y a las transacciones financieras.

En algo sí somos iguales ellos y yo, unos infieles a sus principios y otras a nuestro PC.

Robin Hood en Madrid

Hace unas semanas compartía con vosotros el regreso de Robin Hood a nuestras vidas. Pues tras su paso por Londres y Bruselas, hoy por fin ha venido a España. El motivo: pedirle a los Ministros de Economía y Finanzas de la UE, reunidos en Madrid, la aprobación de un impuesto sobre transacciones financieras, que además de castigar la especulación serviría para recaudar miles de millones de euros para luchar contra la pobreza.

En estos últimos meses hemos oído muchos argumentos a favor y en contra: economistas como Jeffrey Sachs o Stiglitz han defendido la necesidad de este impuesto; los ministerios de economía de muchos países y los lobbies bancarios hablan de una excesiva complejidad técnica para su puesta en práctica, y prefieren la idea de Obama: una pequeña tasa a la banca para crear un fondo de garantía que sirva para volver a rescatar a la banca si ocurre otra crisis financiera.

Yo creo que, como casi todo, es una cuestión de voluntad política. Su puesta en práctica puede ser difícil, pero en peores nos hemos visto. Y para movilizar esa voluntad política  y pedir una tasa sobre transacciones financieras para luchar contra la pobreza se están multiplicando las campañas: en Italia ; en Alemania; en Australia, y pronto en Francia y esperemos que también en España.

Por el momento, os dejo con este nuevo vídeo de la campaña británica protagonizado por el fantástico Ben Kingsley:

¿Me quieren? ¿No me quieren?

El Secretariado de Migración de la Diócesis Orihuela-Alicante acaba de presentar un informe en el que alerta sobre el impacto de la crisis en la situación de las personas inmigrantes de la provincia. Según el mismo, alrededor de 5.000 personas se sumarán el año que viene a las 42.000 que debido a la crisis han perdido su trabajo y con ello, su derecho a residir legalmente en España. Además, el informe destaca el importante incremento de la economía sumergida y explotación laboral debidos a esta situación.

Y todo gracias a algo que se describe con un término repugnantemente aséptico: “irregularidad sobrevenida”. Definición: trabajas legalmente durante años, pagas tus impuestos, contribuyes al crecimiento económico de España, te integras en la comunidad, en definitiva, eres un ciudadano como cualquier otro. Y de repente te quedas sin trabajo, con lo cual no puedes renovar tu autorización de residencia, y tú -y tu familia, ojo- os convertís en inmigrantes ilegales. Bonito, ¿eh?

Reconozco que me hierve la sangre ante injusticias tan obvias, ante nuestra capacidad de “utilizar” durante años a estas personas como mano de obra muy asequible, y ahora deshacernos de ellas sin miramientos.

Y vamos a desacreditar de una vez esos tópicos que oigo y leo sin parar, del estilo “sí claro, los españoles en el paro y les vamos a dar de comer a estos”. Si leyesen un poquito más, se darían cuenta de que los inmigrantes que trabajan legalmente-y que son de los que hablamos aquí- aportan más de lo que se llevan: según la Oficina Económica del Gobierno, en el año 2005 los inmigrantes aportaban 23.402 M€ a los ingresos públicos (el 6,6% de la recaudación total) y recibían 18.618 M€ (un 5,4% del total de gastos). Por lo tanto, eran contribuyentes netos a las arcas del Estado. Y resulta que esos mismos inmigrantes ahora no tiene derecho a nada. Les denegamos la autorización de residencia y au revoir. ¿Y no se nos cae la cara de vergüenza?

Al menos parece que el gobierno también se ha dado cuenta, y la Secretaria de Estado de Emigración e Inmigración decía ayer que “le preocupaba” esta situación, y que el gobierno intentaría intentará gestionar, “por lo menos, el ‘periodo puente’ hasta que la persona pueda desempeñar otras actividades“. Pues ya se pueden ir poniendo. Hace mucho tiempo que les avisaron de que esto iba a pasar. Espero que el reglamento de la Ley de Extranjería, en el que el gobierno está trabajando, ponga fin a esta injusticia.

Recomiendo también echarle un vistazo al otro informe presentado por el mismo Secretariado: ‘Pateras y Fantasmas‘, sobre los falsos mitos de la inmigración en pateras (en las que sólo llega el 1% de los inmigrantes ilegales).