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Bombas de relojería

Esta es una de esas entradas que no sé cómo escribir. Lo que voy a contar no es nuevo, es sólo un caso entre muchos, y el discurso va a sonar ingenuo para muchos, demagogo para otros. Pero no lo es, o quizá sí, pero tengo que escribirlo de todas formas.

Este jovial y risueño señor es Josef Ackermann. El señor Ackermann es presidente y consejero delegado de Deutsche Bank, y además director del Instituto Internacional de Finanzas.  Aunque suena a institución seria y respetable, el IIF no es un instituto de nada: es el disfraz del lobby de los grandes bancos mundiales.

Al señor Ackermann le va bien. La semana pasada el Deutsche Bank anunciaba que en 2011 ha tenido un beneficio neto de 4.326 millones de euros, un 85,7% más que en 2010, y con la que está cayendo… Así que además de llevarse un bonus de 8 millones de euros, la BBC le ha entrevistado por crack. Y el señor Ackermann ha dicho varias cosas, pero yo voy a destacar dos: una, que “si la desigualdad en la distribución de los ingresos o en la distribución de la riqueza se incrementa, podríamos tener una bomba de relojería social haciendo tic-tac, y nadie quiere que tengamos eso”. Y dos, que para evitarlo, los banqueros tienen la responsabilidad de ser filántropos con sus bonus.

Cambio de tercio. Estos son Paola y Marcelo. Viven con sus dos hijas en Alfafar, Valencia.  Hace unos años compraron allí un piso, mediante una hipoteca con el Deutsche Bank. El banco les ofreció, como a otros miles de inmigrantes, una hipoteca con avales cruzados: Paola avalaba a su hermana y ésta a Paola. Iban pagando sin problemas, pero en eso llegó la crisis, se acaba el trabajo, no pueden seguir pagando. El Deutsche Bank se queda con la casa, la subasta y se la adjudica a sí mismo a precio de ganga.  Y para terminar la jugada a Paola y Marcelo les reclama una deuda de “extra” de 70.000 euros por su piso.

Sus vecinos creen que esta situación es muy injusta. Vale, no han pagado y el Deutsche Bank se queda con la casa. Pero encima reclamarles una deuda de por vida… Así que están moviendo Frankfurt con Valencia para conseguir que el Deutsche Bank se conforme con quedarse con la vivienda, olvide la deuda, y alquile la misma vivienda a Paola, Marcelo y sus hijas a un precio asequible. No debe ser tan irracional: más de 88.000 personas en España apoyan su petición, y casi 1000 más en Alemania.

El otro día Paola y Marcelo se fueron al banco de Ackermann a entregarles un papelito dejando constancia de estos apoyos. Y mira por dónde, los banqueros temblaron. Cerraron las puertas, no dejaron entrar ni salir a sus clientes, y la única forma que tuvo Paola de entregarles el papel fue a través del quicio de la puerta.

Va a tener razón el señor Ackermann con lo de las bombas de relojería. Igual él y su banco deberían dejar de regalar piezas.

 

Víctimas y verdugos

Dicen que del primer trabajo nunca te olvidas. Yo no lo haré. Fue en Copenhague, en el Consejo Internacional de Rehabilitación de Víctimas de la Tortura (IRCT), una organización paraguas que agrupa a decenas de centros de rehabilitación para víctimas de la tortura en todo el mundo. Era el que salía en la película de Isabel Coixet “La Vida Secreta de las Palabras”. En ese trabajo aprendí muchísimo sobre las barbaridades a las que pueden llegar algunos seres humanos, y también, de la mano de muchas víctimas de la tortura de todo el mundo, sobre la supervivencia y la infinita capacidad de perdón que tienen otros. Muchas veces creemos que la muerte es lo peor que te puede pasar, pero allí aprendí que no: la tortura es infinitamente peor. Y también aprendí que por horripilante que sea el dolor físico, el psicológico es mucho más profundo y duradero.

He seguido trabajando en el campo de los derechos humanos y la cooperación, pero pocas veces he vuelto a sentir la mezcla de rabia e indignación que sentí en ese trabajo. Hasta el otro día. Fue en la presentación de “Miradas tras las rejas”, el informe anual sobre el Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche que elabora la organización Pueblos Unidos. Seguro que, como yo, ya habéis oído hablar de estos centros, los CIE. Repartidos por toda España, allí van a parar muchos extranjeros sin papeles.

No tener papeles no es un delito, pero los CIE sí son una cárcel, o peor. Mi amiga Cristina Manzanedo, una fabulosa, sensata y nada radical abogada y coordinadora del informe nos contaba durante la presentación lo que han podido documentar durante las más de 200 visitas que han podido realizar al centro de Aluche este año.

No sé ni por dónde empezar: policías sin placa de identificación, insultos y humillaciones a los internos, del tipo “moro de mierda, sois la escoria de este país” o “como no te deporten esta vez te vas a cagar”; mezcla de delincuentes peligrosos con personas cuya única falta ha sido no tener papeles; celdas sin baño, e imposibilidad de acceder a los baños durante la noche; personas que son envueltas en plástico durante horas para que no se resistan al ser deportadas; golpes cuando alguien intenta protestar por las condiciones… Allí estaba también Marius, un camerunés que ha estado más de 50 días en el CIE, estancia que resumía así: “Llevaba 6 años en este país cuando me internaron, yo no mato, no robo”. “El abogado de oficio no te deja su teléfono, el médico solo sabe de paracetamol e ibuprofeno, la gente sufre, llora…estamos mezclados con gente que está mal de la cabeza, nos tratan como animales; los policías te insultan”.

En este post no cabe todo lo que oí ni lo que sentí. Vergüenza de ser ciudadana española y de que estas cosas pasen en mi país; rabia de que a nadie le preocupe qué pasa en estos agujeros negros jurídicos, que por no tener no tienen ni un reglamento que los rija;  indignación por saber que hay servidores públicos que hacen cosas como las que cuenta el informe. Y no, no pongo a toda la Policía en el mismo saco, porque como Cristina también dejó muy claro, no todos los policías se comportan igual, y algunos son correctísimos en su trato. Pero vivimos en España, no en Birmania. Ningún policía, ninguno, debe seguir en el cuerpo si hace cualquiera de estas cosas.

Pueblos Unidos y otras muchas organizaciones llevan años denunciando estas situaciones. Y no son los únicos: ya en el mes de Abril un juez ordenó al CIE de Aluche proporcionar una dieta especial y acceso al cuarto de baño a una mujer enferma de cáncer. Ahora ha pasado lo que más tarde o más temprano tenía que pasar. Ayer nos enteramos de que hace más de 8 días falleció una mujer aquejada de meningitis. He intentado buscar su nombre en los medios de comunicación, pero no lo he conseguido.  En el CIE las personas no tienen nombre, tienen un número. Era africana, eso sí lo sé, y entró en el CIE por no tener papeles. Tras su muerte, un juez de Madrid ha reconocido las pésimas condiciones sanitarias y el “palmario hacinamiento” que existe en este centro. Yo recuerdo las palabras de Marius: si te duele algo ni te miran, te dan un iburprofeno. Nunca sabremos si a ella le pasó lo mismo, ni si se podría haber salvado.  Lo que sí podemos es decir que nos importa.

Vergüenzas

 

Hoy les voy a contar una historia, la historia de Kaila.

Kaila no ha cometido ningún delito –a no ser que sea un delito irte a otro país a buscar una vida mejor. Como no ha hecho nada malo y no la pueden meter en la cárcel, las autoridades del país la han encerrado en un centro para personas como ella. 

A Kaila le han diagnosticado un cáncer intestinal grave, y por eso necesita ir al baño frecuentemente, de día y de noche, y muchas veces con urgencia. Pero su habitación está cerrada y no tiene inodoro, y cuando llama al timbre los guardias tardan mucho, a veces muchísimo, en abrir la puerta para acompañarla al baño. Así que ya se imaginan lo que pasa. Los amigos que pueden visitarla le traen algunos productos para ayudarle en su higiene, pero los guardias –alegando motivos de seguridad- no se los dejan pasar.

Kaila necesita una medicación y una dieta determinadas. Pero en el centro la comida es la misma para todos, y sólo hay un médico y un enfermero, que no siempre la pueden o quieren atender. Le sube la tensión, y de vez en cuando se desmaya. Sus familiares le escriben para que no se sienta sola, pero las cartas le llegan abiertas, a pesar de que la policía no tiene ningún derecho a abrirlas o leerlas.

Hay personas que han querido denunciar el comportamiento de algunos policías, pero no pueden porque no saben quienes son, ya que –en un gesto propio de mafioso carcelero americano de la Milla Verde– éstos le dan la vuelta a su placa reglamentaria para que no se puedan ver sus números de identificación.  

Me gustaría decir que esto es una historia irreal, pero lo único irreal es el nombre de Kaila.

Me gustaría decir que esta historia sucede en Birmania, o en la República Centroafricana, pero por mucha vergüenza que me dé, resulta que sucede aquí al lado, en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche.

Me gustaría decir que la historia es exagerada, pero lo confirma todo un Auto del Juzgado de Instrucción Nº 6 de Madrid  que ordena al director del Centro tomar las medidas necesarias para garantizar el cuidado de Kaila y el resto de personas internas –que pueden no ser todos angelitos, pero son personas.

El auto es del mismo juez –Ramiro García de Dios– que hace unos meses ordenó abrir el CIE a las visitas de las ONG. Les recomiendo en este foro los comentarios de algunos policías sobre esta medida y sobre el juez que la dictó. Y les recomiendo también leer esta entrevista con el juez, una de esas personas que –en mi modesta opinión- cuentan con el menos común de todos los sentidos: el sentido común. Pero juzguen ustedes mismos.

Tengo una debilidad…

…tú lo sabes muy bien, él es Barack Obamaaaaaa. (NOTA: léase con la musiquilla correspondiente)

Así es, señores y señoras. No, no ha cerrado Guantánamo todavía. No, no es tan progre como prometía. Sí, ha hecho importantes concesiones a los republicanos. Pero a pesar de todo, me gusta. No, más aún, me encanta.

Acaba de terminar el discurso sobre el estado de la unión 2011, el discurso anual más importante del presidente de los EEUU. Lo he visto en el bar del hotel, con una cerveza y rodeada de americanos y americanas -un poco particulares porque están en una reunión estratégica sobre cambio climático -un fenómeno que mucha gente en este país pone en duda. Pero en fin, ahí estaba con mi cerveza, mis americanos, sintiéndome un poco personaje del Ala Oeste de la Casa Blanca -serie a la que estoy enganchadísima.

Y durante una hora he podido disfrutar de un político inspirador, como lo fue durante la campaña, y como no los tenemos en Europa. Escuchando algunas de sus frases lo que apetecía era cerrar los ojos y disfrutar, como cuando te comes un bombón belga. Sí, sí, sí, ha hecho concesiones a la agenda republicana, sin duda: congelación del gasto público durante los próximos 5 años, recortes, reducción de impuestos a las empresas… Obvio que tiene un Congreso republicano y le toca trabajar con él. Y lo reconoce: o trabajamos juntos, o no se podrá hacer nada.

Pero con un par, o dos, también ha dicho que no está dispuesto a volver a los días en que las compañías de seguros podían negar la cobertura alegando una enfermedad pre-existente. Esto que suena muy técnico lo explica muy bien Michael Moore en Sicko. Y habla largo y tendido sobre la importancia de la educación, la necesidad de invertir en ella y el necesario reconocimiento que debe hacer un país a los profesores. Y menciona sin miedo el cambio climático y la necesidad de “dejar de financiar la energía del pasado e invertir en la del futuro”, apostando por las energías limpias y renovables y retirando los subsidios a las compañías petrolíferas. Y menciona por primera vez en la historia de este discurso sobre el estado de la Unión la palabra “gay”, para recordar que ya nadie tendrá que dejar de servir al país que ama por razón de la persona que ama. Y habla de transparencia, y de garantizar que la ciudadanía tiene acceso a todos los datos relacionados con el gasto público. Y ha dicho bien claro que los EEUU apoyan al pueblo de Túnez y las aspiraciones democráticas de cualquier pueblo, como Sur Sudán. Y…en fin, podéis leerlo entero aquí.

Pero más allá de las medidas concretas es la inspiración que transmite lo que me tiene loca. Habla de valores como la perseverancia y la humildad, habla de principios, habla de los casos de personas de carne y hueso, habla del poder de los sueños, de las aspiraciones, de los ideales. Y eso nosotros no lo tenemos. No es nuestra cultura, vale, pero ¿y qué? Cambiemos nuestra cultura.

Y mientras lo hacemos, que lleva su tiempo,  cambiemos otras cosas. Por ejemplo, transformando nuestro debate sobre el Estado de la Nación -un muermo de infinitas horas que a nadie le importa, donde nuestros políticos se entretienen lanzándose pullitas- de forma que la ciudadanía pueda verlo, pueda interesarse. Hagamos de ese momento un examen público anual del presidente de turno. Retrasémoslo a una hora que la gente esté en sus casas. Televisémoslo en directo: es mucho más importante que el discursito navideño de Su Majestad.  Y obliguemos a nuestro Presidente, sea quien sea, y año tras año, a dar la cara, a contarnos qué va a hacer con nuestro dinero y la soberanía que le hemos prestado. Que responda.

Me voy a la cama, que me estoy poniendo romántica.

Un poco más ciegos

“Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.” José Saramago

Se fue hace un rato, dejandonos un poquito más solos, en un mundo donde más que nunca hacen falta sus palabras.

“Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.”

Hay pocas cosas que hago siempre, pero una de ellas es comprarme en mis viajes un libro de algún escritor del país en cuestión, y cuando puedo en su lengua original. Así que en la propia Lisboa descubrí “Ensayo sobre la Lucidez”, quizá uno de los títulos menos conocidos de Saramago, pero uno de los que más me ha marcado.  Una revolución desde el sistema:  ¿Qué pasaría si de repente un 75% de los electores votasen en blanco? El libro recupera muchas cosas de su otro ensayo, el Ensayo sobre la Ceguera. La ciudad, los personajes, el blanco. La ineptitud de los dirigentes políticos. Él ya lo djo en su momento: “El poder real es económico, entonces no tiene sentido hablar de democracia.”

Era un hombre inteligente, justo, valiente y claro, algo escaso en estos días de crisis y cardos. Ojalá los que lo loarán estos días aprendan algo.