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Mis valientes

Las Cámaras están agitadas, hace tiempo que no veía tantas noticias en las que los protagonistas fuesen el Congreso y el Senado. Creo que es bueno que las discusiones de los que al fin y al cabo nos representan estén en el dominio público. Así puedo escribir posts como este.

Pues bien, nuestras Señorías han estado entretenidas estos días en un tema crucial para la situación de España: el uso del burka. El Senado aprobó el miércoles, con el apoyo de CiU, UPN y PP,  una moción que insta al Ejecutivo a “realizar las reformas legales y reglamentarias necesarias para prohibir el uso en espacios o acontecimientos públicos que no tengan una finalidad estrictamente religiosa de vestimentas o accesorios en el atuendo que  provoquen que el rostro quede completamente cubierto“. Tal cual. Ni más ni menos. Supongo que tendremos que considerar el carnaval como un acontecimiento público de finalidad estrictamente religiosa, o prepárense los cowboys con pañuelo, los médicos con mascarilla, los fantasmas y otros impresentables que osen cubrir su rsotro con accesorios.  En fin.

A lo que voy no es a eso. Es a que sobre este tema, que a mi entender no es urgente, y esta moción – que no soluciona ni de lejos el problema de la opresión de algunas mujeres musulmanas- los partidos se han posicionado. A favor o en contra.

Sólo un día antes el Congreso de los Diputados convalidaba el decreto sobre la polémica reforma laboral. Se supone que es un tema muy relevante para los ciudadanos, trabajadores en nuestra mayoría. Pero, ay, aquí si que no tenemos posición: el vergonzoso resultado es de 167 votos a favor, 8 en contra, y 173 abstenciones. Así que sobre los derechos de los trabajadores, ni PP, ni CiU, ni PNV, ni CC, ni UPN, ni UPyD tienen posición. Valientes.

Sí, sí, es el juego político. Pero permítanme que me parezca vergonzoso.

No me gusta que al partido te pongas la minifalda

No, no voy a hablar del 0-1. He vuelto zen de 10 días en Japón y me he propuesto mantenerlo. Desde que he llegado, las noticias que se ven son fútbol, fútbol, fútbol y no se qué de una huelga general. Las que no se ven os las cuento mañana.

Pero ahora hablabamos de fútbol. Y hablar de fútbol es hablar de cerveza.  Es como las palomitas y el cine, o el gin & tonic.

En Holanda como en España, durante una competición de fútbol las empresas de cerveza regalan materiales de propaganda -merchandising en coolñol- como camisetas, “aplaudidores” (!!), gorras, gorros y todo tipo de accesorios.

Pues bien, Bavaria, marca de cerveza más conocida en Holanda que fuera, regalaba unos fantásticos vestiditos naranjas al comprar sus cervezas. Y a 36 chicas se les ocurre ponérselas e ir al estadio de a animar a la selección naranja contra Dinamarca. ¿Por supuesto? acaban interrogadas por la policía:  la  FIFA las expulsó a mitad de partido acusándolas de publicidad encubierta porque la cerveza oficial es Budweiser (y sus marcas como Brahma). Pero eso no es todo: la FIFA manifestó que las mujeres fueron “utilizadas como un instrumento para una emboscada mercadotécnica”.  Claro, porque las mujeres somos imbéciles.   Y no digo nada de los fantásticos y machistas titulares de la prensa sobre la noticia: “Expulsan a 36 bellas holandesas…”, “Tarjeta roja a 36 atractivas chicas” y demás lindezas. No sé a cuantos atractivos hombres habrán echado de los partidos hasta ahora.

Ya lo sabíamos, pero esto nos da otra prueba de quién manda aquí: el mercado. Por encima de cualquier derecho, incluido el de ponerte lo que te dé la gana. O el de abrir tu negocio: los bares locales de los alrededores de los estadios están reservados en exclusiva para que sólo puedan venderse Coca-Cola,  McDonalds y pos supuesto, Budweiser.

Ah, por cierto, los vestidos NO llevaban de manera visible el nombre de la marca holandesa.  Y aunque la llevasen. En fin. Por si acaso, beberé albariño durante el próximo partido. De eso no creo que haya en Sudáfrica.

Hijpócritab

No quería escribir este post. Creo que la prensa le está dando una importancia que no tiene al tema del velo en las escuelas. Ganas de vender noticias, y crear polémica por crearla.

Pero hoy no he podido resistirme. Leo en El País que “Un segundo instituto cambia su reglamento y evita la asistencia de Najwa”. O sea que no se trataba, como decían muchos, de que las normas ya estuviesen ahí. Se trata de otra muestra más de miedo al mundo musulmán. Y de discriminación, sí.

No me gustan las prohibiciones. Mi religión es la de los derechos (humanos), y por eso creo que sólo deben prohibirse las cosas que afectan negativamente a los derechos de otra persona. Llevar el hijab per se no vulnera los derechos de nadie. Prohibirlo sí: vulnera el derecho a la libertad religiosa, incluso a la libertad sin más: la libertad de ponerte lo que te dé la gana donde te dé la gana. A Najwa nadie se lo imponía. Ella quería llevarlo. Al igual que yo solía llevar al cuello el crucifijo que me regalaron mis abuelos. Al igual que las monjas dan clase con su toca en los colegios concertados pagados con dinero público.

Toda esta polémica evita el verdadero problema, que es otro. Los problemas de integración no los causan las niñas que libremente deciden -como en este caso-llevar el velo. El problema de verdad es qué hacemos cuando ese velo es impuesto. Qué hacemos cuando a las mujeres musulmanas no se les permite elegir. Qué hacemos para evitar que los jovencitos musulmanes en nuestras calles nos llamen “putas” por llevar una falda. Qué hacemos para evitar que algunos, repito, algunos padres musulmanes restrinjan la educación y la libertad de sus hijas y mujeres. En fin, lo importante es garantizar que esas mujeres musulmanas tengan en nuestros países los mismos derechos que las mujeres españolas, incluido llevar en la cabeza lo que les plazca, y decidir sobre su vida. Y garantizar que las personas musulmanas que viven en nuestro país no coartan nuestros derechos y nuestra libertad, que nuestra lucha nos ha costado conseguir. Pero eso es lo difícil, lo fácil es centrarse en Najwa y su velo, y apartar la mirada de los verdaderos problemas.

Me quedo con un comentario leído en la noticia de El País:  Najwa, preciosa y valiente, me encantaría ponerme un pañuelo en mi calva y acompañarte, mientras ese pequeño mundo de cotorras y cernícalos te crucifican”. Y con este corto de Xavi Sala que expresa maravillosamente lo que yo pienso.

El corazón de las tinieblas

El Dr. Denis Mukwege

Era de noche y estábamos durmiendo cuando atacaron nuestra casa. Seis asaltantes entraron, cuatro bien armados con pistolas (…). Obligaron a mi marido a transportar sus cosas al bosque. Dejaron a uno de mis hijos atrás, pero nos siguió, y trajo dinero para que nos liberaran. Los asaltantes le cortaron los dedos y perdió mucha sangre. Seis hombres me violaron delante de mi marido, y le obligaron a sujetar mis piernas mientras me violaban“.

Este es sólo un testimonio de lo que pasa cada día en la República No Tan Democrática del Congo. Lo recoge un nuevo estudio elaborado por la Harvard Humanitarian Initiative y Oxfam Internacional.

Estremece, y mucho, hasta a las que estamos acostumbradas a leer estas cosas. Como esta mujer, el 60% de las más de 4.000 mujeres entrevistadas entre 2004 y 2008 en el hospital Panzi en Bukavu (en el Este del país) relatan una violación en grupo cometida por uniformados. Más de la mitad de las agresiones se produjeron de noche, en su casa y delante del marido y los hijos de la víctima.

Y estremece aún más cuando sabemos que en esa zona está desplegada la mayor misión de cascos azules del mundo, la MONUC. 18.000 militares y 1.200 policías de casi 50 países desde Bangladesh a España, pasando por Camerún, China, Rusia, Francia, Guatemala, India, Níger o Yemen. Y no, no empecemos a decir que estas misiones no sirven para nada. No es cierto, pueden servir, pero sólo si están bien equipadas, si tienen un mandato claro de protección de la población, y si sus tropas están adecuadamente formadas. Eso es lo que nos toca pedir. Lean si no esta entrevista con un hombre al que no conozco, pero de alguna manera admiro, el General Díaz deVillegas, militar español que dimitió como comandante en jefe de la MONUC tan sólo 4 semanas después de llegar. Sabiendo lo que le costaría: su carrera. En su informe final, el General habla de la baja calidad de las tropas, de la limitada capacidad operacional de la fuerza: “Las unidades sólo tenían capacidad para reaccionar y proteger a la población en las principales ciudades y rutas. En el resto del país, debían limitarse a la autoprotección”.

Pero hay esperanza, siempre, hasta en el corazón de las tinieblas. Esa esperanza tiene muchos nombres, pero yo hoy voy a escoger uno: el  Dr. Denis Mukwege, director médico del hospital de Panzi, que atiende junto a su equipo a esas mujeres, víctimas de la violencia más inhumana. Personas como él nos hacen a muchas otras seguir trabajando cada día por un mundo un poco mejor.

Pedazo mujeres

(c) oxfam

Arriba, el G8: No necesitan presentación. Ya sabéis quienes son y lo que hacen, o lo que no.

Abajo, las W8: ocho pedazo de mujeres. Éstas sí necesitan presentación.

Miranda Akhvlediani trabaja para garantizar el acceso a la salud en Georgia; Rokeya Kabir lucha por el derecho a la educación en Bangladesh; Kadi Baby Maiga preside en Mali la coalición “Education for All”; Leonor Magtolis Briones está ayudando a elaborar un presupuesto más social para el gobierno en Filipinas; Elba Rivera trabaja para la campaña nicaragüense de educación; Dorothy Ngoma impulsa en Malawi la lucha contra enfermedades como la tuberculosis, la malaria, el SIDA, o el cólera. Sandhya Venkateswaran trabaja en la India para vigilar el cumplimiento de los compromisos gubernamentales de reducción de la pobreza. Y Jiraporn intenta que las personas pobres en Sri-Lanka tengan acceso a los medicamentos.

Y estos últimos días yo he tenido la suerte de compartir con ellas mucho tiempo, y me hubiera gustado compartir más. Porque he visto la valentía, la energía, el optimismo, la generosidad y la fuerza hechas mujer. No lo han tenido nada fácil, y no les ha importado. Elba era prácticamente analfabeta hasta los 16 años, y ahora tiene hasta un máster en una universidad alemana. Y después se volvió a Nicaragua, a ofrecerle en su pueblo las mismas oportunidades a otros chicos y chicas. Kadi me decía que las cosas que valen la pena son las difíciles, las que incomodan, las que remueven. Leonor, con sus 69 años, me ha sorprendido por una dulzura acompañada de sólidos argumentos económicos para defender la inversión en sanidad y salud. Sobre todo en las mujeres. Porque en el mundo, hay 72 millones de niños que no van a la escuela, y la mayor parte de ellos son niñas. Y porque -a diferencia de lo que sucede en sus países con los hombres- las mujeres que reciben educación tienen un efecto multiplicador, ya que transmiten esos conocimientos a sus hijas e hijos, a sus familias, a su comunidad.

En las tres semanas que llevan de gira por el mundo han estado con la princesa Massima de Holanda, con el comisario europeo de Desarrollo, con ministros, con diputados y diputadas españolas… Y en todos los lugares han repetido lo mismo: salud y educación. La pobreza se cura con salud y educación, públicas y gratuitas.  Les necesitamos. No nos fallen ahora, o en nuestros países habrá otra generación perdida.

Espero que sus interlocutores las hayan escuchado. Yo por mi parte seguiré luchando porque el gobierno español respete sus compromisos. Es sencillo: salud y educación. Pero que os lo cuenten ellas: