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Vergüenzas

 

Hoy les voy a contar una historia, la historia de Kaila.

Kaila no ha cometido ningún delito –a no ser que sea un delito irte a otro país a buscar una vida mejor. Como no ha hecho nada malo y no la pueden meter en la cárcel, las autoridades del país la han encerrado en un centro para personas como ella. 

A Kaila le han diagnosticado un cáncer intestinal grave, y por eso necesita ir al baño frecuentemente, de día y de noche, y muchas veces con urgencia. Pero su habitación está cerrada y no tiene inodoro, y cuando llama al timbre los guardias tardan mucho, a veces muchísimo, en abrir la puerta para acompañarla al baño. Así que ya se imaginan lo que pasa. Los amigos que pueden visitarla le traen algunos productos para ayudarle en su higiene, pero los guardias –alegando motivos de seguridad- no se los dejan pasar.

Kaila necesita una medicación y una dieta determinadas. Pero en el centro la comida es la misma para todos, y sólo hay un médico y un enfermero, que no siempre la pueden o quieren atender. Le sube la tensión, y de vez en cuando se desmaya. Sus familiares le escriben para que no se sienta sola, pero las cartas le llegan abiertas, a pesar de que la policía no tiene ningún derecho a abrirlas o leerlas.

Hay personas que han querido denunciar el comportamiento de algunos policías, pero no pueden porque no saben quienes son, ya que –en un gesto propio de mafioso carcelero americano de la Milla Verde– éstos le dan la vuelta a su placa reglamentaria para que no se puedan ver sus números de identificación.  

Me gustaría decir que esto es una historia irreal, pero lo único irreal es el nombre de Kaila.

Me gustaría decir que esta historia sucede en Birmania, o en la República Centroafricana, pero por mucha vergüenza que me dé, resulta que sucede aquí al lado, en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche.

Me gustaría decir que la historia es exagerada, pero lo confirma todo un Auto del Juzgado de Instrucción Nº 6 de Madrid  que ordena al director del Centro tomar las medidas necesarias para garantizar el cuidado de Kaila y el resto de personas internas –que pueden no ser todos angelitos, pero son personas.

El auto es del mismo juez –Ramiro García de Dios– que hace unos meses ordenó abrir el CIE a las visitas de las ONG. Les recomiendo en este foro los comentarios de algunos policías sobre esta medida y sobre el juez que la dictó. Y les recomiendo también leer esta entrevista con el juez, una de esas personas que –en mi modesta opinión- cuentan con el menos común de todos los sentidos: el sentido común. Pero juzguen ustedes mismos.

Activismos

 

Ayer mismo Gonzalo Fanjul mencionaba este blog en su nuevo blog 3.500 millones, y lo describia como un “blog activista”. Me sentí agradecida y honrada, pero en ese mismo instante una extraña sensación comenzó a recorrer mi cuerpo. ¿Activista? Madre mía. Cuando empecé a escribir mi única intención era tener un lugar donde compartir mis cabreos con el mundo,y resulta que ahora hay gente que espera encontrarse con un blog activista. Socorro.

Así que por una vez dediqué el domingo a pensar, y aquí tenéis un post que pretende hacer honor a la descripción de Gonzalo. Si os gusta, agradecédselo a él.

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¿Qué es el activismo? – dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Pues la RAE, que siempre tiene unas definiciones de lo más sosas, dice que el activismo es la “Estimación primordial de la acción” (umpf!) y la “dedicación intensa a una determinada línea de acción en la vida pública”. Pelín desfasada, diría yo. Veamos ahora los principales tipos de activismo, o al menos los que a mi se me vienen a la cabeza a golpe de domingo. 

Empecemos con el que mejor conozco: el clicktivismo.  Con sólo un click añades tu firma a una petición a alguien sobre algo. A algunos les parece demasiado fácil y demasiado cómodo. Pero funciona, se lo digo yo, sobre todo si se combina con una buena estrategia de campaña.  Que España cuente hoy con una ley que regula las exportaciones de armas se debe en gran parte a las 150.000 firmas que llegaron al Congreso para apoyar esa petición. Si este es tu tipo de activismo, suscríbete a Avaaz, monta tu propia petición en Actuable o apoya las de tu ONG favorita.

Sigo con el activismo desde casa, pero éste necesita un grado de conocimientos informáticos algo mayor, sin duda bastante mayor que el mío. Es el hacktivismo, cuyo máximo exponente son los ataques de denegación de servicio o DoS, que Anonymous ha puesto tan de moda. En una frase, se trata de que muchos ususarios se conecten al mismo tiempo a una determinada página web, provocando que el servidor en el que esa página está alojada se sobrecargue y no pueda seguir prestando servicios, dejando la página fuera de servicio durante horas. (Nota: se admiten correcciones, esto no es lo mío).

Después tenemos el activismo de cacerola.  Según Wikipedia, “la característica que le distingue de otros tipos de protesta radica en que los manifestantes manifiestan su descontento mediante ruido acompasado, a una hora acordada de antemano (…) y blandiendo rítmicamente los objetos que tienen a mano“. En general se usa contra una medida o para pedir a responsables políticos que se vayan a tomar viento. Este activismo nació en América Latina y vivió su apogeo durante el tristemente célebre corralito de 2001 en Argentina, pero se ha exportado con éxito a otros lugares.

Y no voy a olvidarme del activismo de toda la vida, el de pancarta y manifa. Qué os voy a decir que no sepáis ya sobre este clásico que nunca pasa de moda. Lo mejor: su polivalencia, sirve igual para apoyar a Garzón que para reclamar derechos laborales, celebrar el orgullo gay o rebelarse contra la pobreza. ¿Lo malo? Que o consigues que vayan al menos unos cuantos miles de personas o es una estampa de lo más triste, que podría incluso perjudicar la causa.

Y si ya no eres tan joven y revolucionario, y además no tienes con quién dejar a los niños, no te preocupes: para ti también hay una opción: el activismo familiar. Ideal para reclamar la abolición de asignaturas o la protección de los nasciturus. El mejor escenario: la plaza de Colón en Madrid. No olvides abrigarte y llevarte los prismáticos para no perderte las actuaciones de Kiko Argüello en el escenario .

Y he dejado mi favorito para el final. Lo descubrí hace tan solo unos días gracias a las amigas de Universo Vivo; es el artivismo, que como su propio nombre indica combina lo mejor del arte y el activismo, abriendo posibilidades originales e infinitas, como la rumba del banquero en el Banco Santander de Sevilla. Os dejo con ella.

httpv://www.youtube.com/watch?v=Wv5dh8v7mDs

Una de misterio

Todo tenemos un sueño, o muchos. Yo soy de las de muchos, y uno de ellos es tomarme unos meses de vacaciones para lanzarme al periodismo de investigación entre Bilbao y Ghana. Toma ya.

El gusanillo me lo metieron Amnistía Internacional, Fundació per la Pau, Intermón Oxfam y Greenpeace, que desde hace más de 7 años vienen denunciando las exportaciones españolas de municiones a Ghana.

Desde hace muchos, muchos, muchos años, como un reloj, salen del puerto de Bilbao fantásticos contenedores que contienen varios millones de euros de munición de “caza y tiro deportivo”. Las comillas deben leerse con una sonrisilla irónica, ahora explico el porqué.

Sólo entre 2006 y 2009 España autorizó a esa empresa la exportación de 15 millones de euros en cartuchos de escopeta. Según he visto en internet, el precio medio de un cartucho de caza es de 70 céntimos . Y aunque soy de Letras, puedo calcular y calculo que 15 millones entre 70 céntimos da un total de… 21 millones de cartuchos. Ya les tiene que gustar la caza y el tiro deportivo a los ghañenos, porque salen casi a cartucho por habitante. Así que me voy a a Wikipedia. Y descubro que Ghana nunca ha ganado un campeonato del mundo de tiro deportivo, y que la caza tampoco está entre sus grandes industrias. Mosqueante.

Afortunadamente en 2009 la entonces Secretaria de Estado de Comercio arrojó algo de luz al asunto responder en el Congreso a una pregunta sobre el enorme volumen estas exportaciones.  Muy ancha, la ahora ex-secretaria de Estado llamó a la calma: esa munición no es toda para Ghana, sino que de allí va a parar a países vecinos.

Menos mal. Me quedo mucho más tranquila sabiendo que esos cartuchos han servido para “la caza o el tiro deportivo” (recuerden lo de la sonrisilla irónica)  en Nigeria, Costa de Marfil, Togo o similar.

España.

Especismo

httpv://www.youtube.com/watch?v=cG8yZeio4ls

La iniciativa “Algo más que un regalo” es muy sencilla: puedes regalar simbólicamente (subrayo lo de simbólicamente) una cabra, tres cerditos, un kit sanitario, una bici,  o un burro, que en realidad son un donativo a Intermón Oxfam y sus proyectos de desarrollo. A mi me parece una iniciativa original, simpática, y un regalo útil en estos tiempos en los que tenemos de casi todo, pero imagino también que a otras personas les parecerá una chorrada. Podéis ver el vídeo y juzgar vosotros.

En fin. Que llevamos varios años “vendiendo” cerdos, pollitos y burros para Navidades, cumpleaños, bodas, bautizos y comuniones sin mayor novedad. Hasta que ayer mi compañera Belén me reenvió una acción de protesta de la asociación pro defensa de los derechos de los animales AnimaNaturalis, que acusa a Intermón Oxfam de promover el especismo.

Hmmmmmm, promovemos muchas cosas, pero ¿el especismo?. Colorada por mi ignorancia, corro a la RAE y no encuentro nada, pero Wikipedia no me falla: el especismo (o especieísmo) es discriminar moralmente una especie animal sobre otra. Tipo racismo o sexismo, pero con especies.  Siempre según Wikipedia “la representación más común del especismo es el antropocentrismo moral, es decir, la infravaloración de los intereses de quienes no pertenecen a nuestra especie animal homo sapiens.” Vale.

Animanaturalis considera que Intermón Oxfam trata a los animales como “meras máquinas de producción de descendencia (sic), de carne, de leche, de huevos, de trabajo esclavizado”. Madre mía. Menos mal que los cerdos y las gallinas son simbólicos. Los que no son simbólicos son los pollos de Augusta, una de las mujeres que se beneficia del programa de microcréditos de Intermón Oxfam en Tanzania. Augusta cree que “producir pollo es una muy buena alternativa para no depender tanto de la agricultura, porque el clima está cambiando. Ahora tengo pollos y, por lo tanto, beneficios todo el año, ya que cuando lo necesito, vendo algunos y compro comida”.  Con su crédito ha conseguido construir un gallinero de ladrillo con techos de zinc, que ha reducido la mortalidad de sus pollos e incrementado sus ingresos, y gracias a ello Augusta se está construyendo una pequeña vivienda de ladrillo para ella, sus tres hijas y sus nietos.

Estos son pollos de verdad, y me huelo que esto sí debe ser promover el especismo, y a lo grande.

Si quieres ayudar a otras mujeres como ella, hazlo aquí.

Y por supuesto, si quieres protestar contra Intermón Oxfam hazlo aquí.

Show me the money

El miércoles estuve en la presentación en España del Índice Internacional de Transparencia Presupuestaria 2010, un proyecto internacional que se lleva a cabo cada dos años en 94 países y que mide las prácticas presupuestarias de los gobierno en términos de transparencia hacia la ciudadanía, control y seguimiento.

Adivinad cuál es el país con el presupuesto más transparente y participativo del mundo. Pues no, no es Suecia. Ni Noruega. Ni Dinamarca. Frío, frío. Está mucho más al Sur… Sudáfrica. Le siguen Nueva Zelanda, el Reino Unido y Francia. También puntúan alto Chile, Brasil, Sri Lanka, India o Perú. No es una coincidencia, todos estos países tienen buenas o excelentes leyes de acceso a la información pública. No como nosotros.

Al final de la lista, sospechosos habituales: Guinea Ecuatorial, Chad, Iraq o Argelia. Todos países que dependen en gran medida de los ingresos del petróleo. No es una coincidencia: de los países evaluados, los 24 que dependen de las rentas de petróleo y gas registraron una calificación 2010 promedio de tan sólo 26 de los 100 puntos posibles.

España no sale mal parada, en el puesto 17 de 94.  Pierde puntos por la deficiente supervisión del Presupuesto General por parte del Legislativo y del Tribunal de Cuentas así como por la falta de participación ciudadana en el proceso presupuestario. Y de eso doy fe.  Sí, se publican en la web del Ministerio de Economía datos exhaustivos…pero no hay quien los entienda. Inténtenlo.

El Índice propone una solución fácil, que ya existe en otros países: la publicación en paralelo de un Presupuesto Ciudadano, una versión resumida e informativa de  los presupuestos. Miren el de México.  Y establecer audiencias públicas ara la sociedad civil. Tenemos derecho a saber en qué se invierte nuestro dinero ¿o no?

Ahora hay una oportunidad: el gobierno español está preparando una Ley de Acceso a la Información Pública. A pesar de que ironías de la vida, el gobierno ha intentado mantenerlo en secreto, el borrador de la ley se ha filtrado y mis amigos de Acess-Info han abierto una consulta pública sobre el mismo. Y no se ha caído el mundo.